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TL;DR: Para las enfermeras que trabajan en un hospital, mostrar empatía hacia una compañera supone preguntarle por su carga de trabajo y ofrecerle ayuda útil para la tarea más inmediata. Conviene acordar el alcance del apoyo, respetar si no quiere hablar y dejar claros los propios límites. Los estudios sobre seguridad psicológica no demuestran que una técnica concreta de empatía sea eficaz.
¿Cómo ayuda Empatyzer a mantener conversaciones de apoyo entre enfermeras?
La vista «Tú y una persona concreta» ayuda a reconocer distintas formas de pedir apoyo; «Sobre mí», a detectar la tendencia a hacer el trabajo de otras personas.
Funciones que te ayudarán:
- Conversación con Em sobre ti: Con Em, prepara una pregunta sobre la necesidad más urgente y una propuesta de ayuda limitada.
- Comparación: Comparar sus estilos de colaboración ayuda a elegir cómo expresarse, mientras que la vista «Sobre mí» facilita poner un límite claro respecto a las tareas propias.
- Sobre mí: «Sobre mí» permite examinar la propia tendencia a hacer el trabajo de otras personas.
Empatía entre compañeras de trabajo
En el hospital, la empatía entre enfermeras suele comenzar con una pequeña petición de ayuda con un paciente. En vez de comentar delante de otras personas que una compañera parece nerviosa, es mejor preguntarle en privado cuántas tareas tiene pendientes y en cuál de las más inmediatas necesita apoyo. Así se reconoce su carga de trabajo sin dar por hecho cómo se siente. Un tono amable importa, pero por sí solo no resuelve la falta de personal ni permite realizar una tarea urgente. Por eso, la respuesta también debe centrarse en el trabajo: se puede aclarar si hace falta un par de manos más o, más bien, un momento para terminar lo que ya ha empezado. De ese modo, la ayuda se vuelve concreta y no se queda en una oferta genérica.
Comprender su perspectiva y poner límites
Comprender la perspectiva de una compañera no significa asumir sus responsabilidades. Una persona puede querer hablar de un turno difícil; otra prefiere no contar lo que ha vivido y solo necesita que alguien la sustituya en una tarea. Conviene darle a elegir y preguntarle si en ese momento le ayudaría que la escucharan, que la relevaran un rato o que repasaran juntas un procedimiento. Después, ambas pueden acordar qué podrán hacer realmente antes de que termine el turno y de qué tareas se responsabilizará cada una. Esta conversación evita ofrecer una ayuda que no encaje con la situación: se puede prestar atención a la otra persona y, al mismo tiempo, decir que no es seguro dejar de lado las propias obligaciones. Poner un límite no elimina el apoyo, sino que define su alcance real.
Poder reconocer que no se sabe algo
Cuando una enfermera que acaba de incorporarse reconoce que no sabe utilizar un dispositivo, una respuesta objetiva le facilita preguntar antes de actuar por su cuenta. Si su compañera tampoco sabe la respuesta, pueden consultar juntas las instrucciones o el procedimiento correspondiente, en lugar de juzgar públicamente la competencia de alguien. En un estudio de campo con 51 equipos de una empresa manufacturera, la seguridad psicológica se asoció con el aprendizaje de los equipos; sin embargo, no era un estudio realizado con enfermeras. Un metaanálisis de 136 muestras y más de 22.000 personas también describió una relación entre la seguridad psicológica y el aprendizaje en los equipos. Estos hallazgos respaldan la importancia de cuidar cómo se responde cuando alguien no sabe algo, pero no demuestran la eficacia de un taller de empatía aislado ni de una frase concreta.
Después de una tarea que salió mal
Cuando una tarea sale mal, lo primero es garantizar la continuidad segura de la atención al paciente y aclarar los hechos necesarios para actuar con seguridad. En paralelo o más adelante, conviene preguntar a la compañera qué necesita para volver al trabajo, sin exigirle que cuente en detalle cómo se siente. El error que requiere una respuesta y lo que vive la persona implicada están relacionados, pero son cuestiones distintas. Si la situación lo requiere, se le puede ofrecer acceso al apoyo formal disponible tras el incidente. Una revisión sistemática de 99 estudios examinó las necesidades del personal y ese tipo de apoyo, pero solo 11 estudios evaluaron la eficacia de las intervenciones. Los resultados de los programas de apoyo entre compañeros fueron dispares y hubo pocas comparaciones controladas y pocos estudios aleatorizados; por eso, no se debe prometer que una única forma de ayuda vaya a funcionar.
Ayudar sin asumir el trabajo ajeno
Cuando una compañera está sobrecargada, lo mejor es empezar con una propuesta concreta: «Me encargo de las llamadas durante diez minutos mientras revisas la documentación; después vemos si necesitas algo más». También se pueden identificar juntas las tareas más urgentes cuando ninguna de las dos puede asumir otra obligación. Es importante acordar qué tarea hará cada una ahora, quién se responsabilizará de ella más adelante y cuándo volverán a revisar la situación. Hacer siempre el trabajo de la misma persona sin hablar de la causa de su sobrecarga no resuelve el problema del equipo. Una ayuda limitada en el tiempo le da un respiro sin quitarle autonomía ni ocultar que hay más tareas de las que se pueden repartir razonablemente.
Poner límites ante un comportamiento difícil
La presión durante el turno puede ayudar a entender el comportamiento de una compañera, pero no justifica que se burle de otra ni que desatienda a un paciente. Si esto ocurre, conviene señalar la conducta concreta y cómo afecta a la colaboración, en lugar de juzgar a la persona en su conjunto. Se puede decir que un comentario hecho delante de otras personas dificultó pedir ayuda y, después, indicar cómo comunicarse en la siguiente tarea. Sentir compasión por alguien sobrecargado no exige guardar silencio ante el incumplimiento de una norma de conducta. Si la situación se repite, hay que acudir a una persona responsable según las normas del equipo. Este límite permite distinguir entre intentar comprender la dificultad de alguien y aceptar una conducta que perjudica a los demás.
Cómo valorar la colaboración
La colaboración no se mide solo por si alguien ofreció ayuda en un turno. Conviene preguntarse si el personal puede pedirla también después de un turno difícil, si obtiene respuesta en distintos turnos y si el apoyo llega más allá del círculo de compañeras más cercanas. Otra señal importante es si las personas recién incorporadas hacen preguntas antes de que la situación se vuelva urgente. El metaanálisis sobre seguridad psicológica incluyó 136 muestras, más de 22.000 personas y casi 5.000 grupos. Da motivos para tomarse este asunto en serio, pero muchos de los estudios incluidos eran correlacionales y los resultados correspondían a distintos niveles de análisis. No demuestra que una sola frase empática mejore la colaboración en una unidad.
Apoyar a una compañera durante un turno hospitalario empieza por preguntarle qué necesita en concreto. También importan los límites, responder con objetividad cuando alguien no sabe algo y ofrecer ayuda tras un incidente difícil.
Empatyzer en las conversaciones de apoyo entre enfermeras
Antes de hablar con una compañera, una enfermera puede recurrir a Em para preparar una pregunta sobre la necesidad más urgente y una propuesta breve de ayuda que realmente pueda ofrecer. En vez de suponer que la otra persona quiere que la sustituyan, puede preguntarle si prefiere repasar juntas una tarea, que la releven un momento o que la escuchen. La comparación en la vista «Tú y una persona concreta» ayuda a observar las diferencias en las formas de pedir y ofrecer apoyo y a elegir cómo plantear la conversación. La vista «Sobre mí» permite detectar la propia tendencia a hacer el trabajo de otras personas y preparar un límite claro respecto a las tareas propias. Las microlecciones pueden ayudar a recordar que el apoyo debe ajustarse a la necesidad y a la tarea. Em también puede ayudar a formular una propuesta que deje elegir a la compañera: qué se puede hacer ahora, durante cuánto tiempo y cuándo comprobar juntas si hace falta más apoyo. La herramienta ayuda a preparar la conversación, pero no sustituye los acuerdos durante el turno.
Fuentes
- M. Lance Frazier; Stav Fainshmidt; Ryan L. Klinger; Amir Pezeshkan; Veselina Vracheva (2017). Psychological Safety: A Meta-Analytic Review and Extension. Personnel Psychology, 70(1), 113–165. https://doi.org/10.1111/peps.12183 10.1111/peps.12183
- Simms-Ellis, R., Harrison, R., Sattar, R., Sweeting, E., Hartley, H., Morys-Edge, M., et al. (2025). Avoiding ‘second victims’ in healthcare: what support do staff want for coping with patient safety incidents, what do they get and is it effective? A systematic review. BMJ Open, 15(2), e087512. https://doi.org/10.1136/bmjopen-2024-087512 10.1136/bmjopen-2024-087512
- Amy C. Edmondson (1999). Psychological Safety and Learning Behavior in Work Teams. Administrative Science Quarterly, 44(2), 350-383. https://doi.org/10.2307/2666999 10.2307/2666999
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