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TL;DR: Para los responsables de equipos y de personal hospitalario, que un programa de apoyo reciba pocas solicitudes no significa que el personal sanitario no lo necesite. Hay que comprobar el acceso durante el turno de noche, las normas de confidencialidad, el temor a ser juzgado y la posibilidad de elegir cómo y cuándo contactar.
¿Cómo ayuda Empatyzer a hablar sobre el programa de apoyo al personal?
En el modo de equipo, Em ayuda a preguntar por las barreras de acceso, mientras que «Sobre mí» permite al responsable revisar sus propias suposiciones sobre las necesidades del personal.
Funciones que te ayudarán:
- Conversación con Em sobre uno mismo: Le pregunta a Em cómo hablar con el equipo sobre los horarios, las formas de contacto y la confianza en la ayuda.
- Sobre mí: La vista «Sobre mí» ayuda al responsable a distinguir sus propias necesidades de las del equipo.
- Microlecciones: Pueden recordar la importancia de ofrecer apoyo con discreción y respetar la decisión del trabajador.
Un programa visible solo sobre el papel
Un hospital puede contar con un programa de apoyo y, aun así, este quedar fuera del alcance de quien acaba de terminar un turno de noche tras un incidente difícil. Conviene comprobar si esa persona puede encontrar el número sin acceder a la red interna ni preguntar a su responsable. Poner un enlace en la intranet no resuelve por sí solo esa cuestión. Una revisión de 99 estudios señala que el apoyo recibido tras los incidentes no siempre coincide con el que necesita el personal. Sin embargo, no demuestra que una única forma de facilitar el acceso al programa resuelva el problema: solo 11 estudios evaluaron la eficacia de las intervenciones, los resultados de los programas de apoyo entre compañeros fueron dispares y hubo pocas comparaciones controladas y estudios aleatorizados. Por eso, el centro debe distinguir entre la existencia formal de la ayuda y la posibilidad de utilizarla cuando se necesita.
El temor por la confidencialidad
Ni siquiera un contacto fácil de encontrar basta si el trabajador no sabe quién tendrá conocimiento de su conversación. En vez de limitarse a calificar el servicio de «confidencial», el centro debe explicar con claridad quién tiene acceso a la información, qué datos llegan al empleador, cuánto tiempo se conservan y cuáles son las excepciones a la confidencialidad. También hay que comprobar que el acceso al apoyo no pase automáticamente por alguien que evalúa el trabajo del profesional. La situación tras un incidente exige especial atención, porque puede haber una investigación formal de lo ocurrido en paralelo. El trabajador debe poder distinguir una conversación de apoyo de su participación en esa investigación. Sin esa separación, la promesa de apoyo puede no inspirar confianza, aunque el programa funcione.
La vergüenza y las posibles consecuencias
Al personal sanitario puede frenarlo no solo la incertidumbre sobre la confidencialidad, sino también la vergüenza y las consecuencias profesionales que prevé. Alguien puede temer que pedir ayuda afecte a sus turnos o a la opinión del equipo. Por tanto, un número bajo de solicitudes no permite concluir que el personal no necesite apoyo. Es mejor preguntar de forma anónima qué dificulta concretamente el contacto, sin exigir que se describan problemas personales. Al hablar con el equipo, conviene presentar la ayuda como una opción disponible, no como un signo de debilidad ni como un paso obligatorio tras un incidente. Estas preguntas ayudan a detectar obstáculos relacionados con la reputación y la organización del trabajo, pero no sirven para diagnosticar la salud mental del personal. Las respuestas deben llevar a revisar las normas del programa, no a juzgar a quienes no lo utilizan.
Una modalidad que no responde a la necesidad
Tras un incidente, una persona puede querer hablar, otra necesitar información sobre los siguientes pasos del procedimiento y una tercera, ante todo, ayuda práctica en el trabajo. La revisión de estudios describe necesidades diversas en cuanto al momento, la modalidad y la persona que presta el apoyo. Por eso conviene ofrecer opciones, en lugar de suponer que a todos les sirve el mismo contacto inmediatamente después de lo ocurrido. La ayuda también debe seguir disponible más adelante, cuando la necesidad de hablar puede hacerse patente. Se puede ofrecer contacto telefónico, presencial o asíncrono, pero solo mediante modalidades que estén realmente disponibles, también fuera de las horas de los turnos. Una revisión de 12 programas descritos en 16 estudios señala barreras para su implantación y datos todavía preliminares sobre sus beneficios. Por tanto, afirmar que la ayuda está disponible no sustituye a comprobar si el trabajador puede acceder realmente a ella.
El responsable como guía, no como filtro
Un responsable puede facilitar el acceso al apoyo, pero no debería decidir si la dificultad de alguien justifica una conversación. Su tarea consiste en indicar los canales disponibles y, cuando sea necesario, ayudar a organizar una sustitución en el trabajo. Para ello no necesita conocer el contenido de la conversación entre el trabajador y quien le presta apoyo. Tras un incidente difícil, puede recordarle el programa en privado y darle tiempo para decidir, sin presionarlo para que lo utilice. También conviene separar claramente la evaluación del trabajo de la decisión de buscar apoyo. Si el trabajador debe convencer primero a su jefe de que tiene motivos suficientes para contactar, el responsable se convierte en un filtro de acceso al programa. La información sobre la ayuda debe llegar al personal sin esa condición.
Qué medir en lugar de los clics
El número de visitas a la página del programa indica interés por la información, pero no revela si un profesional sanitario recibió ayuda. El centro puede comprobar de forma anónima cuántos trabajadores saben cómo contactar durante el turno de noche, cuánto tiempo transcurre entre la solicitud y la conversación y en qué turnos el contacto no está disponible. También conviene preguntar por qué se interrumpió el contacto y cómo se valoran la confidencialidad y la utilidad del apoyo recibido. Estos datos permiten buscar barreras de acceso, pero no sustituyen una evaluación de la salud mental del personal. La revisión de programas señala limitaciones en los datos sobre su eficacia, por lo que no debe equipararse un canal de contacto que funciona bien con un beneficio demostrado para cada trabajador. La medición debe mostrar tanto si la ayuda es accesible como la experiencia de quien intentó utilizarla.
Cambios a partir de los comentarios recibidos
Los comentarios recogidos tienen sentido si dan lugar a cambios visibles. Si el personal señala un número desactualizado, una espera prolongada o un conflicto entre la función de apoyo y la de evaluación del trabajo, el centro debe abordar ese obstáculo concreto. Si se expresa desconfianza respecto a la confidencialidad, conviene revisar cómo se transmite la información y quién puede acceder a ella, y después explicar al equipo qué ha cambiado. No basta con anunciar las mejoras durante el horario administrativo: hay que volver a comprobar el contacto en los turnos con menos personal. Así, los comentarios no se quedan en una encuesta, sino que se convierten en una oportunidad para mejorar el acceso al programa. La siguiente comprobación debe centrarse en el recorrido del trabajador hasta la ayuda, no solo en si el nuevo aviso aparece en la intranet.
Que el programa de apoyo de un hospital reciba pocas solicitudes no significa que el personal sanitario no lo necesite. Conviene comprobar si puede encontrar el contacto durante el turno de noche, si confía en las normas de confidencialidad y si puede elegir cómo recibir ayuda.
Empatyzer en la conversación sobre el programa de apoyo al personal
Un responsable observa que el programa de apoyo del hospital se utiliza poco en los turnos de noche, pero no da por hecho que el personal no lo necesite. Puede pedirle a Em que le ayude a preparar una conversación con el equipo sobre los horarios de acceso, las formas de contacto y la confianza en la ayuda. En el modo de grupo, Em le ayudará a formular preguntas sobre obstáculos prácticos sin esperar que los trabajadores revelen problemas personales. Antes de la conversación, el responsable puede consultar la vista «Sobre mí» para distinguir sus propias ideas sobre la ayuda necesaria de las posibles necesidades del equipo. Después, Em le ayudará a redactar un mensaje claro sobre las vías y modalidades de contacto disponibles y sobre el hecho de que el responsable señala opciones, no juzga si una solicitud está justificada. Las microlecciones pueden recordarle que ofrezca apoyo con discreción y respete la decisión de cada trabajador. Estas acciones ayudan a preparar la comunicación; no sustituyen la comprobación de la disponibilidad real del programa ni la explicación de las normas de confidencialidad por parte del centro.
Fuentes
- Busch, I. M., Moretti, F., Campagna, I., Benoni, R., Tardivo, S., Wu, A. W., & Rimondini, M. (2021). Promoting the Psychological Well-Being of Healthcare Providers Facing the Burden of Adverse Events: A Systematic Review of Second Victim Support Resources. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(10), 5080. https://doi.org/10.3390/ijerph18105080 10.3390/ijerph18105080
- Simms-Ellis, R., Harrison, R., Sattar, R., Sweeting, E., Hartley, H., Morys-Edge, M., et al. (2025). Avoiding ‘second victims’ in healthcare: what support do staff want for coping with patient safety incidents, what do they get and is it effective? A systematic review. BMJ Open, 15(2), e087512. https://doi.org/10.1136/bmjopen-2024-087512 10.1136/bmjopen-2024-087512
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