Seguridad del paciente y errores médicos

Tras una agresión de un paciente: ¿cómo puede un responsable hospitalario apoyar al trabajador?

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TL;DR: Para un responsable hospitalario, la primera prioridad tras una agresión de un paciente es la seguridad del trabajador y la continuidad asistencial. Puede ser necesario organizar un relevo y ofrecer más adelante contacto con una persona de apoyo, no imponer una conversación sobre emociones. Los estudios muestran que el problema es complejo, pero no señalan un único método de ayuda eficaz para todos.

¿Cómo ayuda Empatyzer a apoyar al trabajador tras una agresión de un paciente?

«Sobre mí» ayuda al responsable a reconocer si tiende a restar importancia a la situación, y Em le permite ensayar una pregunta que dé opciones al trabajador.

Funciones que te ayudarán:

  • Sobre mí: Con Em prepara preguntas sobre la seguridad, el relevo y con quién preferiría hablar el trabajador; en «Sobre mí» examina su propia reacción ante las emociones intensas.
  • Conversación con Em sobre ti: Con Em ensaya una oferta de apoyo que deje elegir al trabajador.
  • Conversación con Em sobre el equipo: Este modo puede ayudar a establecer pautas comunes para pedir ayuda.

Seguridad inmediata

Tras una agresión de un paciente, la primera tarea del responsable de turno es poner fin al peligro, no recabar testimonios. Hay que apartar al trabajador expuesto de la situación de riesgo y pedir ayuda según el procedimiento, velando también por la seguridad del paciente y de las demás personas. Si ha habido contacto físico, es necesario valorar si precisa atención médica, aunque quiera volver enseguida a sus tareas. Una vez superado el peligro inmediato, no lo deje solo organizando los siguientes pasos. Designe a alguien que asuma la coordinación, ayude a identificar las necesidades urgentes y se asegure de que otra persona se ocupe de la atención posterior del paciente. Esta respuesta transmite al trabajador que la seguridad no es responsabilidad suya únicamente.

La agresión adopta distintas formas

Una agresión no siempre implica un golpe. Puede consistir en una amenaza, insultos reiterados o una agresión física. Por eso, al registrar el incidente conviene distinguir las palabras de las conductas y anotar sus consecuencias concretas. Un metaanálisis de 75 estudios sobre violencia contra el personal de UCI muestra que los investigadores definieron y midieron estos incidentes de distintas maneras. Por tanto, el número de notificaciones no debe considerarse un reflejo exacto de todos los incidentes. La calidad de la evidencia y las diferencias entre estudios también limitan las conclusiones sobre las causas de la violencia y la eficacia de las técnicas de desescalada. Para el responsable, más importante que comparar indicadores precipitadamente es describir con rigor lo ocurrido durante el turno y lo que vivió el trabajador.

La primera conversación

La primera conversación con el trabajador debe centrarse en lo que necesita ahora y en si puede terminar su trabajo con seguridad. El responsable puede preguntarle: «¿Estás a salvo ahora? ¿Necesitas cambiar de tarea, atención médica o contactar con alguien de tu elección?». Así se le da espacio para responder sin suponer que todo el mundo reacciona igual ante una agresión. No se le debe exigir que cuente en detalle cómo se siente delante de todo el equipo ni condicionar la ayuda a que esté dispuesto a mantener esa conversación. El registro de los hechos necesario para aclarar lo ocurrido es una tarea aparte: se puede determinar qué información es urgente y volver al resto más adelante. De este modo, la obligación de documentar no sustituye al apoyo.

Relevo y continuidad asistencial

Si el trabajador no está preparado para volver a tratar con el paciente, el responsable debe designar a alguien que asuma ese contacto. El relevo exige transmitir los datos clínicos imprescindibles y dejar claro quién se responsabiliza de la atención posterior; no basta con apartar al trabajador de la tarea. También hace falta un plan si el paciente sigue agitado y el equipo continúa expuesto al riesgo. Conviene indicar al trabajador a quién puede comunicar más adelante información adicional sobre el incidente, cuando recuerde algún detalle o se sienta preparado para contarlo. Garantizar la continuidad asistencial con seguridad evita que el cuidado del trabajador y las necesidades del paciente parezcan obligaciones contrapuestas.

Revisión del incidente y apoyo psicológico

Una breve revisión operativa puede ayudar a determinar qué riesgos persisten, quién asume las tareas y cómo pedir ayuda. No equivale a una sesión centrada en las vivencias del trabajador. Una revisión Cochrane no recomienda una única sesión rutinaria de debriefing psicológico como medida para prevenir el trastorno por estrés postraumático; eso no es un argumento en contra de hablar sobre la seguridad en el trabajo ni de ofrecer acceso voluntario a ayuda. El responsable debe separar estos objetivos e indicar al trabajador las distintas opciones y los plazos para acceder a ellas. Si el malestar persiste, conviene volver a preguntarle si necesita ayuda adecuada, sin imponer la misma forma de conversación a todos los implicados. Cerrar el informe no significa que las necesidades del trabajador hayan desaparecido.

Análisis de las condiciones

Una vez garantizadas la seguridad de las personas y la atención al paciente, conviene examinar las condiciones en las que ocurrió el incidente. ¿Sabía el personal cómo pedir apoyo rápidamente? ¿Detectó señales de que aumentaba la tensión? ¿Pudieron complicar la situación una espera prolongada o la desorientación del paciente? Son preguntas para el análisis, no explicaciones ya establecidas de las causas de ese incidente concreto. Atribuirlo todo a la conducta de un solo trabajador puede ocultar problemas organizativos que también afectarán al siguiente turno. El equipo debe acordar una forma clara y segura de pedir ayuda y saber quién responderá. Las conclusiones del análisis deben servir para preparar el siguiente turno, no para buscar culpables.

Vuelta al trabajo

La vuelta al trabajo no debe basarse en la suposición de que, una vez terminado el incidente, todo ha vuelto a la normalidad. El responsable puede preguntar al trabajador si conoce el plan de seguridad, sabe con quién contactar ante otro peligro y se siente seguro con la dotación prevista. No hay que presionarlo para que diga que «ya está todo bien». Es importante que pueda volver a contactar con una persona de apoyo, también después del turno, cuando identifique mejor sus necesidades. Asimismo, hay que comprobar si la organización ha introducido realmente los cambios prometidos. La respuesta del equipo tras el incidente puede influir en la sensación de seguridad durante los siguientes contactos con pacientes.

Tras un incidente, la atención del equipo no debe limitarse a controlar la conducta del paciente. El trabajador necesita un traspaso seguro de sus tareas y la posibilidad de hablar cuando y como prefiera.

Empatyzer para apoyar al trabajador tras una agresión de un paciente

Antes de reunirse con un trabajador tras una agresión de un paciente, el responsable puede usar Em para ensayar una conversación breve. Prepara preguntas sobre la seguridad inmediata, la necesidad de un relevo y la persona con la que el trabajador preferiría hablar. En la sección «Sobre mí», examina además su propia reacción ante las emociones intensas: si tiende a restar importancia a lo ocurrido o a hacer demasiadas preguntas a la vez. Después, en una conversación con Em sobre sí mismo, practica una oferta de apoyo que deje elegir al trabajador y no le exija contar públicamente lo vivido. Por separado, puede preparar un mensaje para el equipo de turno: quién asume el contacto con el paciente, cómo transmitir la información imprescindible y por qué vía pedir ayuda. El modo de conversación con Em sobre el equipo puede servir para establecer pautas comunes para pedir esa ayuda. La herramienta ayuda a preparar la conversación y los acuerdos organizativos; no sustituye la atención médica ni el apoyo psicológico individual.

Fuentes

  1. Rose, S. C., Bisson, J., Churchill, R., Wessely, S. (2002). Psychological debriefing for preventing post traumatic stress disorder (PTSD). Cochrane Database of Systematic Reviews, . https://doi.org/10.1002/14651858.cd000560 10.1002/14651858.cd000560
  2. Berger, S., Grzonka, P., Frei, A. I., Hunziker, S., Baumann, S. M., Amacher, S. A., et al. (2024). Violence against healthcare professionals in intensive care units: a systematic review and meta-analysis of frequency, risk factors, interventions, and preventive measures. Critical Care, 28(1), 61. https://doi.org/10.1186/s13054-024-04844-z 10.1186/s13054-024-04844-z