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TL;DR: Durante las primeras 24 horas tras un incidente, quien dirige una unidad hospitalaria se ocupa del paciente, la continuidad asistencial y la documentación, y ofrece ayuda concreta al profesional. Separa la conversación urgente del análisis posterior y no prejuzga responsabilidades. Las revisiones describen distintas necesidades del personal, pero no establecen un protocolo único.
¿Cómo ayuda Empatyzer a apoyar al personal tras un error médico?
Em ayuda a quien dirige la unidad a preparar un inicio de conversación sereno, mientras que «Sobre mí» le permite examinar su propia reacción ante la tensión.
Funciones que pueden ayudarte:
- Conversación con Em sobre uno mismo: Con Em prepara sus primeras frases: qué se ha hecho ya por el paciente, qué necesita el profesional y cuándo retomarán la conversación.
- Sobre mí: Em, en el modo «Sobre mí», ayuda a reconocer el propio impulso de buscar una respuesta inmediata.
- Microlecciones: Pueden reforzar el hábito de preguntar por las necesidades urgentes antes de analizar la conducta.
Primeros minutos: el paciente y la continuidad asistencial
Cuando se produce un error en la unidad, o se sospecha que se ha producido, la persona responsable empieza por comprobar el estado del paciente y determinar si hace falta una intervención clínica inmediata. Al mismo tiempo, garantiza la continuidad asistencial: si el profesional implicado necesita una pausa o no puede seguir trabajando con seguridad, asigna a otra persona para que asuma sus tareas. Preserva la documentación y los indicios disponibles conforme al procedimiento del centro, para que las averiguaciones posteriores se basen en información conservada. Nada de esto exige señalar a un culpable. Los primeros minutos se dedican al paciente, a su tratamiento y a preservar los hechos; la conversación sobre responsabilidades llegará después de atender las necesidades asistenciales urgentes. Este orden también permite ocuparse del profesional sin interrumpir las actuaciones necesarias para el paciente.
Una conversación, varios objetivos distintos
La primera conversación con el profesional puede abordar varios asuntos, pero no debe convertirse en un interrogatorio. La persona responsable explica qué se sabe ya del incidente, qué se desconoce aún y qué falta por aclarar. Recoge los hechos necesarios para tomar decisiones urgentes y, por separado, pregunta por las necesidades prácticas del profesional y por si puede desempeñar sus tareas con seguridad. No es el momento de convertir la recogida de su versión en una conversación disciplinaria. Conviene distinguir claramente tres objetivos: obtener la información imprescindible, ofrecer apoyo e iniciar el análisis correspondiente. Cada uno tiene un alcance, unos tiempos y unos participantes distintos. Esta distinción evita esperar que una sola conversación resuelva todo el incidente.
El apoyo y la responsabilidad pueden coexistir
Tras el incidente, el profesional puede necesitar apoyo emocional, práctico y organizativo; así lo describe una revisión de estudios. Por eso, la persona responsable puede preguntarle cómo se encuentra y ofrecerle ayuda, mientras conserva el registro del incidente y anuncia una investigación rigurosa de los hechos. No tiene que prometer que no habrá consecuencias ni confundir la evaluación de lo ocurrido con un juicio sobre el valor de la persona. El apoyo y la responsabilidad no se excluyen si ninguna de esas conversaciones anticipa conclusiones sobre las causas. También hay que tener presentes los límites de la evidencia: la revisión incluyó 99 estudios, pero solo 11 evaluaron la eficacia de las intervenciones. Los resultados de los programas de apoyo entre compañeros fueron dispares, y hubo pocas comparaciones controladas y pocos ensayos aleatorizados. Estos datos no permiten identificar una única forma de ayuda fiable.
Qué no decir justo después del incidente
Justo después del incidente, importa cómo se formulan las preguntas. Preguntar en público quién tuvo la culpa se adelanta a la reconstrucción de los hechos y puede convertir una conversación urgente en un juicio sobre la persona. Tampoco ayuda tranquilizar al profesional diciendo «no ha pasado nada» o «todo el mundo comete errores» cuando está viviendo una situación difícil. Por su parte, «¿cómo pudiste?» presupone una responsabilidad antes de aclarar qué ocurrió. Tampoco se le debe exigir que relate de inmediato y en detalle sus emociones. Es mejor explicar con claridad qué información se necesita ahora para atender al paciente y preguntar qué necesita el profesional en ese momento. Habrá ocasión de retomar una conversación más amplia después, sin forzarla en medio de la tensión inicial.
Qué indican las revisiones sobre el apoyo
Las revisiones muestran que el apoyo tras los incidentes adopta distintas formas, pero describirlas no demuestra que cada encuentro sea eficaz. Una revisión sistemática reunió 16 estudios sobre 12 programas; los datos sobre sus beneficios siguen siendo preliminares. Otra incluyó 99 estudios sobre las necesidades del personal y la ayuda recibida, pero solo 11 evaluaron la eficacia de las intervenciones. La distinción importa: un profesional puede necesitar un contacto que en la práctica no recibe, pero ofrecer un programa no garantiza que disminuya su sufrimiento tras el incidente. Por tanto, la persona responsable no debería presentar un único modelo, incluido el apoyo entre compañeros, como una solución demostrada para todos. Es preferible ofrecer las opciones disponibles y comprobar si responden a las necesidades de cada persona.
Una vía de ayuda para las primeras 24 horas
Para las primeras 24 horas, conviene acordar una vía de contacto sencilla en lugar de dejar al profesional con una promesa genérica de ayuda. La persona responsable designa a alguien a quien pueda acudir y le ofrece la posibilidad de hablar con un compañero de confianza y de recurrir al canal formal de apoyo. Comprueba si necesita una pausa, un cambio de tareas o que alguien lo sustituya, y le explica cómo seguirá el procedimiento. Acuerda cuándo volverán a hablar y cómo comunicar nuevos hechos si el profesional recuerda algo importante. Si su malestar es grave, le propone contactar con el especialista adecuado y le indica cómo obtener ayuda urgente. Es una propuesta para organizar las primeras 24 horas, no un algoritmo de actuación en un plazo determinado validado por estudios.
El análisis posterior sin perder el contacto
Una vez controlada la situación urgente, la persona responsable explica al profesional quién llevará a cabo el análisis del incidente y cómo se le comunicará la información. No obstante, no pospone todas las medidas hasta que termine la investigación: conviene documentar e introducir los cambios urgentes necesarios para proteger la atención. El análisis posterior debe reconstruir qué información estaba disponible cuando se tomaron las decisiones, en lugar de juzgarlas únicamente a la luz de lo que se supo después. Antes de formular conclusiones, el profesional debe poder comentar la descripción del incidente. La persona responsable también vuelve a interesarse por sus necesidades cuando disminuye la tensión inicial. Así, aclarar los hechos no implica perder el contacto ni dar por sentada la causa.
La primera conversación tras un incidente debe separar los hechos urgentes, las necesidades del profesional y la evaluación posterior de las responsabilidades.
Empatyzer en el apoyo al personal tras un error médico
Quien dirige una unidad y va a reunirse con un médico poco después de un incidente difícil puede preparar con Em sus primeras frases. Primero ordena la información sobre lo que ya se ha hecho por el paciente; después formula una pregunta sobre las necesidades urgentes del profesional y le comunica cuándo retomarán la conversación. Por separado, prepara preguntas sobre los hechos que necesita conocer ahora, sin confundirlas con una evaluación de responsabilidades. Al conversar con Em en el modo «Sobre mí», puede examinar su propio impulso de buscar una respuesta inmediata y decidir cómo evitar trasladar esa tensión al profesional. Si dispone del perfil de esa persona, hablar sobre ella le ayuda a adaptar la manera de ofrecerle contacto. Las microlecciones pueden reforzar el hábito de preguntar por las necesidades urgentes antes de analizar la conducta. Una apertura así preparada no sustituye las actuaciones clínicas ni la investigación formal del incidente; ayuda a mantener una primera conversación serena que separe con claridad la seguridad del paciente, los hechos y el apoyo.
Fuentes
- Busch, I. M., Moretti, F., Campagna, I., Benoni, R., Tardivo, S., Wu, A. W., & Rimondini, M. (2021). Promoting the Psychological Well-Being of Healthcare Providers Facing the Burden of Adverse Events: A Systematic Review of Second Victim Support Resources. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(10), 5080. https://doi.org/10.3390/ijerph18105080 10.3390/ijerph18105080
- Simms-Ellis, R., Harrison, R., Sattar, R., Sweeting, E., Hartley, H., Morys-Edge, M., et al. (2025). Avoiding ‘second victims’ in healthcare: what support do staff want for coping with patient safety incidents, what do they get and is it effective? A systematic review. BMJ Open, 15(2), e087512. https://doi.org/10.1136/bmjopen-2024-087512 10.1136/bmjopen-2024-087512
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