Comunicación en el equipo médico

¿Por qué un programa de bienestar puede provocar el enfado del personal hospitalario? Claves para la dirección

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TL;DR: La dirección del hospital debe evaluar los programas de bienestar del personal junto con las condiciones de trabajo y la posibilidad real de acceder a la ayuda. Si el equipo pide más personal o una menor carga de trabajo, una formación por sí sola puede no responder al problema. Conviene preguntar qué se necesita, facilitar el acceso y comprobar la utilidad del apoyo.

¿Cómo ayuda Empatyzer a hablar del bienestar del personal hospitalario?

Em, en el modo de equipo, ayuda a la dirección a preparar preguntas sobre las fuentes de sobrecarga, mientras que la vista de motivadores aclara por qué una misma propuesta puede recibirse de maneras distintas.

Funciones que te ayudarán:

  • Motivadores: Em, en el contexto del equipo, ayuda a reunir preguntas sobre la carga de trabajo y el tiempo disponible; la vista de motivadores sugiere por qué los trabajadores buscan distintas formas de apoyo.
  • Microlecciones: Pueden ser una forma voluntaria de practicar las conversaciones cotidianas.

La oferta de ayuda como mensaje de la organización

En un hospital, proponer un taller de recuperación después de un turno agotador puede provocar enfado, aunque la intención sea ayudar. Si alguien ya había pedido más personal, una invitación a trabajar la resiliencia puede sonar a que el problema está en su reacción y no en las condiciones de trabajo. Antes de anunciar un programa, la dirección debería preguntar al personal qué problema cree que aborda la propuesta y si responde a las dificultades que ha planteado. También conviene comprobar que el mensaje no traslade a los trabajadores la responsabilidad por unas exigencias excesivas. El descontento es una señal para investigar un desajuste concreto, no una prueba de que cualquier forma de apoyo sea innecesaria. Los estudios citados no midieron directamente el enfado ante este tipo de programas.

Las necesidades individuales y las condiciones de trabajo

Ayudar a una persona concreta y mejorar las condiciones de trabajo del equipo responde a necesidades distintas. Un estudio metaanalítico del modelo de demandas y recursos laborales relaciona la carga de trabajo y el apoyo disponible con el agotamiento y la implicación, pero también muestra que las demandas percibidas como retos y las percibidas como obstáculos no tienen el mismo significado para los resultados analizados. No es una herramienta para diagnosticar a un trabajador concreto. Una consulta puede ayudarle a gestionar la tensión, pero por sí sola no reducirá la lista de espera de pacientes ni aumentará la dotación de un turno. Por eso, antes de elegir un programa hay que distinguir lo que plantea cada persona de lo que se repite en todo el equipo. Ambos niveles merecen atención, sin sustituir uno por otro.

Qué sabemos sobre las intervenciones organizativas

Cambiar la organización del trabajo tampoco garantiza un resultado. Un metaanálisis de 13 estudios sobre intervenciones organizativas y combinadas incluyó, entre otras medidas, iniciativas participativas y cambios en la carga y la distribución del trabajo. Encontró una pequeña reducción media del agotamiento, con una certeza de la evidencia muy baja. Por eso, no conviene presentar un único programa como respuesta probada a todas las causas del desgaste profesional. Si el hospital modifica los turnos, debe definir qué problema pretende resolver, en lugar de prometer un resultado que los estudios no confirman para esa situación concreta. Del mismo modo, formar al personal no sustituye las decisiones sobre las condiciones de los turnos. Describir el objetivo con honestidad permite comprobar después si la medida respondió a la dificultad detectada.

La accesibilidad forma parte del diseño

Incluso una ayuda bien elegida será poco más que una formalidad si el personal no puede acceder a ella. Antes de poner en marcha el programa, conviene revisar los horarios de las sesiones, la posibilidad de cubrir las ausencias, la confidencialidad y el acceso de quienes trabajan en distintos turnos. Invitar a todo el mundo no significa que todo el mundo tenga tiempo libre en el horario propuesto. Es especialmente importante preguntar si participar exige renunciar al descanso después de un turno o trasladar las tareas a otros compañeros. La dirección puede comparar el número de personas invitadas con el de quienes realmente tenían condiciones para participar. Si las sesiones se celebran solo fuera del horario laboral, su coste en tiempo debe tenerse en cuenta al evaluar el programa, en vez de interpretar las ausencias como falta de interés.

Diseñar el programa con el personal

Antes de preparar la oferta, conviene recoger algunas necesidades concretas del personal y elegir después la forma de apoyo adecuada. También hay que invitar a quienes normalmente no participan en iniciativas similares y preguntarles qué se lo dificulta. Una pregunta útil puede ser: «¿Qué condición de los turnos dificulta más el trabajo y sobre qué decisión podemos actuar este mes?». Si se habla de un plazo más largo, se puede acordar qué dos obstáculos es posible cambiar este trimestre antes de escoger un formato de ayuda individual. Después, conviene probar una medida de apoyo de alcance limitado y con un objetivo claramente definido. Este comienzo permite evaluar tanto la idea como las barreras para aprovecharla.

Cómo hablar de una reacción crítica

Una reacción crítica al programa no tiene por qué significar que el personal rechace recibir ayuda. Es mejor pedir a los trabajadores que describan el desajuste: ¿qué parte de la invitación o de la organización de las sesiones no encaja con su situación? Al responder, el superior puede reformular primero la objeción con las palabras del trabajador y comprobar un ejemplo concreto. Después, puede señalar qué aspectos del programa se pueden mejorar y qué limitaciones quedan fuera de su alcance. También debe indicar quién decidirá los cambios en las condiciones de trabajo. En una encuesta a 417 trabajadores de Estados Unidos, realizada en el contexto de los cambios durante la pandemia, la comunicación empática se asoció con la confianza y con la intención declarada de dejar el empleo. Esa asociación no demuestra que permita retener efectivamente al personal de un hospital polaco.

La utilidad, más allá de la asistencia

Una vez puesto en marcha el programa, la asistencia por sí sola dice poco sobre su utilidad. Hay que comprobar si el apoyo responde a la necesidad planteada y si los trabajadores tuvieron una posibilidad real de participar. Por tanto, conviene contrastar los datos de uso con la información sobre horarios disponibles, sustituciones y cambios en la carga de trabajo. Una baja asistencia puede indicar una barrera organizativa; por sí sola no permite juzgar si el personal necesita ayuda. Al mismo tiempo, hay que observar las condiciones de trabajo cotidianas para no atribuir al programa cambios que podrían deberse a otras decisiones. Si un componente consume tiempo y los participantes no perciben beneficios, conviene modificarlo o retirarlo. La evaluación debe conducir a decisiones, no limitarse a un informe sobre el número de participantes.

Un taller después de un turno especialmente duro puede percibirse como una respuesta al problema equivocado. La dirección del hospital debe examinar no solo la oferta de apoyo, sino también las condiciones para acceder a ella y las cargas diarias del equipo.

Empatyzer en la conversación sobre el bienestar del personal hospitalario

Empatyzer puede ayudar a la dirección de un hospital a preparar la conversación antes de anunciar un programa de bienestar. Em, en el contexto del equipo, ayuda a reunir preguntas sobre las fuentes de sobrecarga y el tiempo disponible para acceder al apoyo; el modo de grupo permite adaptar esas preguntas a distintas unidades. La vista de motivadores sugiere por qué los trabajadores pueden buscar diferentes formas de ayuda; la vista personal facilita reflexionar sobre por qué una misma invitación se recibe de maneras distintas. Esto no sustituye preguntar al personal por los obstáculos reales ni tomar decisiones sobre la organización del trabajo. Con Em se puede ensayar una conversación en la que la dirección reconozca el coste de un turno agotador, pida que se señale un cambio concreto y acuerde cómo comprobar si puede llevarse a cabo. Las microlecciones pueden ser una forma voluntaria de practicar las conversaciones cotidianas. Así, el mensaje de apoyo puede vincularse a una conversación sobre lo que el hospital está en condiciones de cambiar.

Fuentes

  1. Eean R. Crawford; Jeffery A. LePine; Bruce Louis Rich (2010). Linking job demands and resources to employee engagement and burnout: a theoretical extension and meta-analytic test. Journal of Applied Psychology, 95(5), 834-848. https://doi.org/10.1037/a0019364 10.1037/a0019364
  2. Isabelle Bes; Yara Shoman; Muaamar Al-Gobari; Valentin Rousson; Irina Guseva Canu (2023). Organizational interventions and occupational burnout: a meta-analysis with focus on exhaustion. International Archives of Occupational and Environmental Health, 96(9), 1211-1223. https://doi.org/10.1007/s00420-023-02009-z 10.1007/s00420-023-02009-z
  3. Yue, C. A., Thelen, P. D., & Walden, J. (2023). How empathetic leadership communication mitigates employees' turnover intention during COVID-19-related organizational change. Management Decision, 61(5), 1413–1433. https://doi.org/10.1108/MD-01-2022-0011 10.1108/MD-01-2022-0011