Seguridad del paciente y errores médicos

Sesión de morbimortalidad en el hospital: ¿cómo puede el moderador ayudar al equipo a aprender?

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TL;DR: Quien modera una sesión hospitalaria de morbimortalidad debe ayudar al equipo a reconstruir las decisiones a partir de la información disponible en aquel momento, escuchar a profesionales de distintas disciplinas y acordar una medida de seguimiento. Preguntar por las conductas no exige humillar a nadie en público. Una revisión señala elementos útiles para organizar estas sesiones, pero no aporta pruebas concluyentes de que mejoren los resultados de los pacientes.

¿Cómo ayuda Empatyzer a preparar una sesión de morbimortalidad?

Em ayuda al moderador a ordenar las preguntas, mientras que la vista del equipo le permite tener en cuenta distintas formas de participar.

Funciones que pueden ayudarte:

  • Tú y el equipo: Con Em ensaya preguntas sobre la cronología y cómo responder a una intervención que juzgue a un participante; la vista del equipo le ayuda a incluir las voces de distintas profesiones.
  • Sobre mí: «Sobre mí» le permite reconocer su tendencia a cerrar demasiado pronto el debate; Em le ayuda a terminar la sesión con un acuerdo claro sobre las siguientes medidas.
  • Hablar con Em sobre ti: Em, en el contexto del grupo, ayuda a preparar el orden de intervención de las distintas profesiones.

Objetivo de la sesión y alcance del caso

La sesión de morbimortalidad sirve para analizar un caso en equipo y buscar oportunidades de mejorar la atención. Antes de preparar la presentación, conviene definir qué pregunta debe responder la sesión. ¿Se trata de comprender una decisión tomada en un momento concreto, detectar un obstáculo en la organización del trabajo o planificar un cambio en la forma de actuar? Delimitar así el alcance ayuda a separar el aprendizaje de los posibles incumplimientos que requieren un examen aparte. Una revisión de siete estudios sobre sesiones de equipo en la atención perioperatoria destaca la preparación del caso, la moderación, la presentación y las medidas posteriores. Sin embargo, los estudios eran heterogéneos: no se realizó un metaanálisis ni se obtuvieron pruebas concluyentes de que estas sesiones mejoren los resultados de los pacientes. Por tanto, no conviene atribuir a la mera celebración de la sesión un efecto que no se ha demostrado.

Qué información estaba disponible en aquel momento

Es preferible exponer el caso siguiendo el orden de los acontecimientos, en vez de partir del desenlace, que todos conocen. Ante cada decisión importante, el moderador puede preguntar qué señales se habían detectado entonces, de qué información se disponía y qué limitaba la actuación del equipo. Conviene mostrar la documentación en el orden en que pudo llegar a quienes tomaban las decisiones. El resultado de una prueba recibido más tarde no debe alterar la imagen de lo que se sabía antes. Si falta información en la documentación o los participantes recuerdan los hechos de forma distinta, hay que señalarlo claramente, en lugar de construir con fragmentos un relato aparentemente certero. Esta cronología permite hablar de las decisiones sin juzgarlas solo por sus consecuencias.

Perspectivas de distintas profesiones

Es posible que el médico que presenta el caso no conozca todas las fases del trabajo de los demás. Por eso conviene invitar al análisis a profesionales que observaron lo ocurrido desde distintos ámbitos de la atención; la revisión disponible se centró precisamente en sesiones perioperatorias de equipo. No obstante, su mera presencia no garantiza un relato completo. El moderador puede establecer de antemano el orden de las intervenciones para que la posición profesional no determine qué voces se escuchan. Una enfermera y un médico pudieron percibir señales distintas del deterioro del paciente. Conviene preguntar a cada uno qué observó, cuándo comunicó la información y a quién. Es una propuesta para conducir la conversación, no un método cuya capacidad para mejorar los resultados clínicos se haya demostrado en estudios. Ayuda, eso sí, a reunir las perspectivas necesarias para comprender el desarrollo del caso.

Preguntas del moderador

El moderador puede orientar el debate hacia las razones de cada elección: qué justificaba una decisión, qué alternativas había y en qué condiciones se realizaba la tarea. En lugar de preguntar «¿Por qué no te diste cuenta?», es mejor preguntar «¿Qué era visible entonces y qué información habría cambiado la decisión?». Esta pregunta no impide hacer una crítica. Permite señalar una conducta concreta y sus consecuencias, en vez de atribuir públicamente a alguien un rasgo o una intención. Si surgen burlas o ataques personales, el moderador debe detener esa forma de intervenir y volver a los hechos. Sigue siendo posible evaluar las decisiones con rigor; no hace falta humillar a nadie para hacerlo. Así, la conversación mantiene su finalidad educativa incluso cuando las conclusiones son difíciles.

Qué dice la investigación sobre el formato

No hay motivos para considerar que un único formato de sesión tenga un efecto uniforme y demostrado en los resultados de los pacientes. Una revisión de siete estudios sobre sesiones perioperatorias de equipo describió diferencias en la organización, los indicadores y la calidad de los estudios, por lo que no se realizó un metaanálisis. Destacó la importancia de preparar el caso, moderar y presentar la sesión, y actuar después, pero no confirmó una mejora concluyente de los resultados clínicos. Al evaluar una sesión propia, conviene fijarse no solo en la asistencia, sino también en si se recogieron las perspectivas necesarias y si las conclusiones se desprenden de lo ocurrido. Cambiar el tono de la conversación puede ser una propuesta razonable para quien modera, pero no permite prometer por sí solo una reducción de la mortalidad.

Tener en cuenta la carga emocional de los participantes

Analizar un incidente puede suponer una carga para quienes participaron en él. Una revisión de estudios sobre el apoyo al personal tras incidentes identifica necesidades prácticas, de apoyo entre compañeros y de ayuda profesional. Por eso conviene explicar antes de la sesión cómo será la conversación y dónde puede obtener cada participante apoyo individual. Participar en el análisis no debe exigir contar en público las propias emociones. Una persona implicada en un error reciente puede necesitar una conversación aparte, mientras el equipo sigue teniendo que comprender cómo se desarrolló la atención. La evidencia para evaluar la eficacia del apoyo es limitada: la revisión incluyó 99 estudios, pero solo 11 abordaron la eficacia de las intervenciones. Los resultados de los programas de apoyo entre compañeros fueron dispares y hubo pocos estudios controlados y aleatorizados.

De la conclusión al cambio

Las directrices de la OMS subrayan que el valor de notificar incidentes depende del aprendizaje y las medidas que se derivan de ello, no de la mera acumulación de informes. Del mismo modo, una sesión no debería terminar con una afirmación genérica como «hay que mejorar la comunicación». El moderador puede dejar por escrito una conclusión que deba comprobarse, designar a una persona responsable de la siguiente medida, fijar un plazo y definir cómo se evaluará si se ha introducido la mejora. También conviene acordar cuándo revisará el equipo el resultado. Una breve actualización sobre los acuerdos anteriores al comienzo de la siguiente sesión conectará el análisis del caso con el trabajo posterior. Es una propuesta práctica para organizar la sesión, no una prueba de la eficacia de un protocolo concreto. Permite, sin embargo, comprobar si la conclusión compartida se tradujo en la medida prevista.

Un buen análisis de un caso no empieza juzgando a una persona. Empieza preguntando qué sabía el equipo cuando tomó cada decisión y termina con un acuerdo al que se pueda volver.

Empatyzer en la preparación de la sesión de morbimortalidad

Quien modera una sesión hospitalaria de morbimortalidad puede utilizar Empatyzer desde la fase de preparación. En una conversación con Em, puede ensayar el orden de las preguntas sobre la cronología: qué se sabía al tomar la primera decisión, qué información apareció después y dónde quedan lagunas. También puede preparar cómo responder a una intervención que juzgue a una persona, para detener el ataque y volver a una conducta concreta sin cerrar el debate constructivo. La vista del equipo y la conversación con Em en el contexto del grupo le ayudan a pensar en el orden de intervención de las distintas profesiones y a tener en cuenta sus diferentes formas de participar. En la vista «Sobre mí» puede reconocer su propia tendencia a cerrar demasiado pronto el debate o su manera de reaccionar ante un conflicto. Las microlecciones pueden ayudarle a formular preguntas sobre las condiciones de trabajo y el desarrollo de los hechos. Por último, puede preparar con Em una frase para cerrar la sesión con una conclusión, una persona responsable, un plazo y una forma de retomar los acuerdos. Son maneras de preparar al moderador, no un efecto de la herramienta sobre los resultados de los pacientes confirmado por estudios.

Fuentes

  1. Simms-Ellis, R., Harrison, R., Sattar, R., Sweeting, E., Hartley, H., Morys-Edge, M., et al. (2025). Avoiding ‘second victims’ in healthcare: what support do staff want for coping with patient safety incidents, what do they get and is it effective? A systematic review. BMJ Open, 15(2), e087512. https://doi.org/10.1136/bmjopen-2024-087512 10.1136/bmjopen-2024-087512
  2. World Health Organization. (2020). Patient safety incident reporting and learning systems: Technical report and guidance. World Health Organization. ISBN 978-92-4-001033-8. Publikacja WHO.
  3. Samost-Williams, A., Rosen, R., Hannenberg, A., Lydston, M., Nash, G. M., & Brindle, M. (2023). Perioperative team-based morbidity and mortality conferences: A systematic review of the literature. Annals of Surgery Open, 4(3), e321. https://doi.org/10.1097/AS9.0000000000000321. Perioperative team-based morbidity and mortality conferences: A systematic review of the literature