Seguridad del paciente y errores médicos

Admisión sanitaria en primera línea: ¿cómo apoyar al personal en la atención a los pacientes?

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TL;DR: La dirección de un centro sanitario puede aliviar la carga del personal de admisión si le proporciona información actualizada, atribuciones claras y apoyo después de una conversación difícil. Un estudio sobre secretarios médicos y una revisión sobre el trabajo emocional describen las exigencias de este puesto, pero no demuestran la eficacia de una formación concreta.

¿Cómo ayuda Empatyzer al personal de admisión a hablar con un paciente enfadado?

Em ayuda al personal a preparar mensajes breves sobre el tiempo de espera, mientras que «Sobre mí» permite examinar las propias reacciones ante las quejas repetidas.

Funciones que te ayudarán:

  • Hablar con Em sobre mí: Con Em, prepara dos versiones de la respuesta según la información disponible y una frase para anunciar cuándo habrá novedades.
  • Sobre mí: «Sobre mí» ayuda a reconocer la propia reacción ante conversaciones difíciles que se repiten.
  • Hablar con Em sobre el equipo: El modo de equipo ayuda a acordar cuándo derivar el caso a un profesional clínico.

El primer punto de contacto

Un paciente que no entiende las normas de atención o espera más de lo previsto suele dirigirse primero a admisión. El trabajador puede comunicar el tiempo de espera actualizado si lo conoce, pero no debe prometer una hora que dependa de una decisión clínica. Su posición es difícil: tiene que responder a la frustración por la cola, la cita o una derivación poco clara, aunque no pueda resolver todos esos asuntos. Un estudio transversal realizado con 363 secretarios médicos en Turquía analizó cómo valoraban sus propias competencias para hablar con pacientes enfadados. La relación observada entre el ajuste al puesto y las competencias declaradas no demuestra que la selección por personalidad reduzca las agresiones reales. Mucho menos sustituye el acceso a información fiable para quienes atienden en primera línea.

El trabajo emocional

Mantener un tono tranquilo y amable en el mostrador no significa que la conversación sea fácil. Ante una nueva queja, el trabajador puede reprimir su enfado o intentar ver de verdad la situación del paciente desde otra perspectiva; ambas respuestas requieren esfuerzo. Un metaanálisis de 95 estudios sobre trabajo emocional distingue entre fingir emociones y regularlas de forma más profunda, pero abarca distintas profesiones y examina principalmente asociaciones. Por tanto, no debe considerarse una prueba de que una forma concreta de responder resuelva los problemas en admisión. Si las conversaciones tensas se suceden, conviene facilitar una pausa y apoyo al trabajador. Una respuesta amable tampoco elimina la causa de la queja, y admisión no debería cargar con todas las deficiencias organizativas del centro.

Los límites de la función

Al personal le resulta más fácil responder a un paciente cuando sabe qué puede hacer por sí mismo y qué requiere la decisión de otra persona. La dirección debe definir qué preguntas se trasladan al personal sanitario, en lugar de esperar que admisión interprete los resultados de las pruebas. También conviene designar a quien decide sobre la atención urgente y aclarar cómo hacerle llegar el aviso de un paciente. De lo contrario, una solicitud de ayuda puede quedarse en el mostrador, aunque quien la recibe no tenga autoridad para resolverla. Tener límites claros no significa dejar al paciente sin respuesta. Permite explicar qué puede cambiarse de inmediato, qué asunto requiere la intervención de un profesional clínico y cuándo debe ser la dirección quien aclare una decisión.

Hablar de un retraso

Cuando un paciente pregunta por un retraso, conviene reconocer primero su frustración y después comunicar lo que realmente se sabe: el tiempo de espera estimado en ese momento, la causa conocida por el personal y el siguiente paso. Si se sabe cuándo habrá más información, se puede anunciar esa actualización en lugar de prometer que la visita se adelantará. Un ejemplo sería: «La visita lleva unos X minutos de retraso. Le daremos información actualizada a las Y; si su estado empeora, avísenos de inmediato». Si no se conoce el tiempo de espera, es mejor decirlo claramente e indicar cómo se facilitarán las novedades. Un cambio de planes exige informar de nuevo: dejar al paciente con una promesa que ya no está vigente puede aumentar la tensión, que después recaerá sobre admisión.

Cuando surge una amenaza

Una amenaza al personal cambia la naturaleza de la conversación. No se debe exigir a quien atiende en el mostrador que intente calmar la situación por su cuenta a cualquier precio. Debe poder marcar con claridad los límites del trato y recurrir a una vía de apoyo previamente acordada. El equipo tiene que saber quién recibe el aviso y cómo se hace cargo de los siguientes pasos, para que el trabajador no tenga que elegir entre su seguridad y la atención a quienes esperan. Al mismo tiempo, responder a una amenaza no debe impedir que el paciente acceda a atención urgente. Después del incidente, hay que actuar conforme al protocolo del centro. Una fórmula de respuesta serena no sustituye la posibilidad de pedir ayuda rápidamente ni un reparto claro de responsabilidades.

El apoyo del equipo

Admisión no puede gestionar una alerta urgente si nadie se hace cargo del caso al otro lado. Los profesionales clínicos deben saber cuándo y cómo responder a un aviso del mostrador, y la dirección debe explicar las decisiones sobre normas u organización en las que el personal de admisión no puede influir. Así, el paciente recibe una respuesta de la persona adecuada, en lugar de otra promesa sin fundamento. Después de una interacción especialmente difícil, resulta útil poder informar brevemente del caso y contar con alguien que sustituya al trabajador. Conviene comprobar si este puede conseguir ese relevo durante su turno. Sin ello, el apoyo queda en una mera declaración y la misma persona tiene que volver de inmediato a atender a quienes esperan, todavía con el peso de la conversación anterior.

Qué cambiar

Conviene empezar los cambios por los puntos en los que los pacientes reciben habitualmente información poco clara sobre las esperas o las citas. La dirección puede revisar los tiempos de espera, la claridad de los mensajes y el tiempo que tardan los profesionales clínicos en responder a los avisos de admisión. Por separado, vale la pena evaluar si, cuando una situación se agrava, el trabajador puede obtener ayuda de verdad y no solo conoce el procedimiento formal para pedirla. Estas observaciones permiten distinguir entre un problema de comunicación y la falta de una decisión o de apoyo disponible. El estudio de 363 secretarios médicos en Turquía se basó en autoevaluaciones y no midió resultados reales en los pacientes. Por ello, la relación entre el ajuste al puesto y las competencias declaradas no justifica afirmar que la selección por personalidad o una formación aislada reduzcan las agresiones.

El personal de admisión suele ser el primero en escuchar quejas por las esperas y la falta de claridad de las normas. Contar con información actualizada, una vía clara para derivar cada caso y apoyo después de una conversación difícil le ayuda a afrontarlas.

Empatyzer en la conversación de admisión con un paciente enfadado

Cuando un paciente pregunta por qué se retrasa su visita, el personal de admisión puede preparar con Em dos respuestas breves: una para cuando se conoce el tiempo de espera y otra para cuando sigue siendo incierto. En ambas conviene indicar qué se sabe en ese momento y formular una frase que anuncie la próxima actualización, sin prometer que la visita se adelantará. Em también puede ayudar a explicar el retraso y a marcar un límite con calma si la conversación se vuelve ofensiva. Tras una serie de interacciones similares, «Sobre mí» sirve para examinar la propia reacción ante las quejas repetidas, no para juzgar al paciente. Por su parte, el modo de equipo puede ayudar a acordar en qué momento derivar el caso a un profesional clínico. Los mensajes preparados de este modo no sustituyen la información actualizada del centro, una decisión médica ni la vía acordada para pedir apoyo. Ayudan al trabajador a explicar con claridad qué puede hacer en el mostrador y cuándo necesita ayuda de otras personas.

Fuentes

  1. Samanci, S. (2026). Person–Job Fit and Communication with Angry Patients Among Frontline Administrative Healthcare Staff: The Moderating Role of Job Tenure. Healthcare, 14(7), 919. https://doi.org/10.3390/healthcare14070919 10.3390/healthcare14070919
  2. Ute R. Hülsheger; Anna F. Schewe (2011). On the costs and benefits of emotional labor: a meta-analysis of three decades of research. Journal of Occupational Health Psychology, 16(3), 361-389. https://doi.org/10.1037/a0022876 10.1037/a0022876