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TL;DR: Tras una conversación tensa con un paciente, el médico puede perder de vista parte de los datos clínicos. Un experimento con descripciones de casos señala este riesgo en una simulación, pero no mide los errores durante las consultas. Conviene volver a los síntomas, los diagnósticos alternativos y el plan de reevaluación.
¿Cómo ayuda Empatyzer a hablar con un paciente que genera frustración?
«Sobre mí» ayuda al médico a reconocer su propia reacción, y Em, a preparar una frase para marcar un límite y retomar el motivo de la consulta.
Funciones que pueden ayudarte:
- Sobre mí: En «Sobre mí», el médico examina su reacción ante la tensión, y Em le sugiere dos frases breves: una para marcar un límite y otra para preguntar por un síntoma.
- Conversación con Em sobre uno mismo: Em propone palabras claras para separar el comportamiento del paciente de las molestias que refiere.
- Microlecciones: Pueden ayudar a retomar los síntomas y las preguntas para iniciar la conversación.
Qué mostró el experimento
Un comportamiento que el médico percibe como difícil puede atraer más su atención que los datos necesarios para establecer un diagnóstico. En un experimento aleatorizado, 74 médicos residentes trabajaron con descripciones escritas de casos que presentaban distintos comportamientos del paciente. La forma en que se presentaba al paciente influyó en la precisión diagnóstica en la tarea simulada. Es una señal importante para volver conscientemente al razonamiento diagnóstico tras un intercambio tenso, pero no demuestra que todo paciente alterado provoque un error. El estudio no midió equivocaciones en consultas reales, por lo que no permite trasladar la magnitud del efecto a la práctica cotidiana. La conclusión práctica es más modesta: conviene reconocer la propia reacción emocional y basar la valoración clínica en los síntomas, la exploración y los resultados disponibles.
La primera trampa de la atención
La primera trampa aparece cuando el médico recuerda sobre todo el tono conflictivo de la conversación y le cuesta más reconstruir la evolución de los síntomas. Conviene detenerse y comprobar si está pensando principalmente en su irritación, en lugar de ordenar los síntomas. Puede ayudar anotar brevemente los datos principales de la anamnesis, los hallazgos objetivos y los posibles diagnósticos antes de que una hipótesis domine la valoración posterior. Es una propuesta para organizar la atención, no un método de prevención de errores en consulta validado por el experimento citado. Si la tensión dificulta continuar la conversación o reunir la información necesaria, se puede pedir ayuda a otra persona. El objetivo no es ignorar el comportamiento del paciente, sino evitar que sustituya la valoración de su estado de salud.
Volver al diagnóstico
Tras un intercambio difícil, se puede formular el diagnóstico más probable y, junto a él, una alternativa grave que sería importante no pasar por alto. Después conviene buscar datos que no encajen con la primera hipótesis: un síntoma, un resultado de la exploración o una laguna en la anamnesis. Preguntas como «¿Qué sé ya?», «¿Qué síntoma importante no he explorado todavía?» y «¿Qué información me falta?» ayudan a interrumpir la tendencia a centrarse en cómo fue la conversación. Aunque haya sido desagradable, no debería poner fin a la indagación. Si la decisión requiere observación o nuevos resultados, también hay que acordar cuándo se reevaluará al paciente. Volver a los datos y al plan es una propuesta de actuación, no una garantía de diagnóstico acertado.
Comunicar sin etiquetar
Es fácil trasladar la palabra «difícil» de la conversación a la historia clínica, aunque por sí sola no explica qué ocurrió durante la consulta. Si el comportamiento dificultó la anamnesis o la exploración, es preferible describirlo de forma concreta e indicar qué información no se pudo obtener. Así, el siguiente profesional recibe una descripción de la situación, no un juicio sobre el paciente como persona. En un experimento aleatorizado sobre documentación clínica, el lenguaje estigmatizante influyó en la actitud posterior de los clínicos que evaluaron la descripción. Se publicó una fe de erratas relativa a ese trabajo. Sin embargo, el resultado no debe extrapolarse a la frecuencia de errores diagnósticos reales. Una anotación precisa no exige silenciar el comportamiento: permite separar una observación útil para la atención posterior de una etiqueta que podría condicionar la siguiente valoración.
Cuando el paciente está agitado
Cuando el paciente está agitado, lo primero es valorar la seguridad y si puede haber causas médicas detrás de su comportamiento. Una conversación breve debe tener un objetivo claro: obtener la información imprescindible para tomar una decisión segura, aunque no sea posible abordarlo todo de inmediato. Ante una amenaza se puede establecer un límite claro, sin tomarla como motivo para renunciar a las pruebas diagnósticas necesarias. Si el riesgo aumenta, conviene pedir ayuda y adaptar el resto de la consulta a la situación. Después hay que volver a preguntar por los síntomas y revisar los datos disponibles, en vez de considerar que la agitación explica todas las dolencias. Son propuestas prácticas de actuación, no el resultado de un experimento que confirme la eficacia de un procedimiento concreto.
Consulta y rectificación
Cuando los datos no ofrecen un cuadro coherente, conviene pedir a un compañero una interpretación independiente. Presentar un síntoma concreto, un resultado y una hipótesis alternativa aporta más que decir que el paciente «da problemas». El médico también puede explicar con franqueza qué desconoce todavía y qué información le ayudaría a decidir. Una revisión sobre la comunicación de la incertidumbre diagnóstica en atención primaria recuerda la importancia de este asunto en la relación con el paciente; eso no significa que se pueda aplazar una decisión clínica necesaria. Si aparecen nuevos resultados o discrepancias entre los datos y la primera hipótesis, hay que revisar el plan. La consulta con un compañero sirve entonces para corregir el razonamiento, no para transferirle la responsabilidad de la valoración.
Una conclusión para la formación
Durante la formación se puede presentar el mismo caso con un paciente que se comporta de forma cortés y otro que se muestra descortés, y luego comparar qué síntomas y diagnósticos diferenciales tuvieron en cuenta los participantes. La conversación posterior al ejercicio debería centrarse en el razonamiento, no en juzgar moralmente al médico ni en culpar al paciente. Es una propuesta para utilizar escenarios que permitan reconocer el momento en que el comportamiento empieza a eclipsar los datos clínicos. El experimento aleatorizado con 74 residentes muestra que el comportamiento presentado en casos escritos influyó en la precisión de las respuestas en una simulación. No indica cuál sería la magnitud de esa influencia en las consultas cotidianas. Tampoco permite prometer que una sola lista de verificación resolverá el problema; el ejercicio debería animar a revisar las hipótesis.
El comportamiento del paciente puede desviar la atención de sus síntomas. Los estudios apuntan a un riesgo en tareas simuladas, y algunas medidas prácticas ayudan a ordenar el razonamiento tras una conversación difícil.
Empatyzer en la conversación con un paciente que genera frustración
Tras un intercambio tenso, el médico puede querer retomar la anamnesis, pero antes necesita reconocer su propia reacción. En «Sobre mí» puede examinar qué le provocó frustración durante la conversación. Después, Em le ayuda a preparar dos frases breves: una para poner un límite al comportamiento que dificulta la consulta y otra para preguntar por un síntoma. Estas formulaciones permiten separar lo que el paciente hizo o dijo de las molestias que refiere, sin fingir que no hubo tensión. Hablar con Em sobre sí mismo puede ayudar al médico a elegir palabras claras que mantengan el contacto con el paciente y devuelvan la atención al objetivo de la consulta. También puede preparar una lista de preguntas a las que volver cuando la conversación se calme. Las microlecciones pueden ayudarle a recordar preguntas para iniciar el diálogo y a retomar los síntomas. Ninguna de estas medidas sustituye la valoración de la seguridad, las pruebas diagnósticas ni la decisión de pedir ayuda cuando la situación lo requiera.
Fuentes
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- P. Goddu, A., O’Conor, K. J., Lanzkron, S., Saheed, M. O., Saha, S., Peek, M. E., et al. (2018). Do Words Matter? Stigmatizing Language and the Transmission of Bias in the Medical Record. Journal of General Internal Medicine, 33(5), 685-691. https://doi.org/10.1007/s11606-017-4289-2 10.1007/s11606-017-4289-2
- Dahm, M. R., Cattanach, W., Williams, M., Basseal, J. M., Gleason, K., & Crock, C. (2023). Communication of Diagnostic Uncertainty in Primary Care and Its Impact on Patient Experience: an Integrative Systematic Review. Journal of General Internal Medicine, 38(3), 738–754. https://doi.org/10.1007/s11606-022-07768-y 10.1007/s11606-022-07768-y
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