Comunicación médico-paciente

Personal sanitario en planta: cómo hacer la ronda a pie de cama

En esta página

TL;DR: El personal sanitario en planta puede hacer la ronda con el paciente en vez de hablar de él como si no estuviera presente. Conviene presentar al equipo, explicar el propósito de la visita, preguntar por sus necesidades y volver a dirigirse a él tras deliberar. El artículo sobre deshumanización ayuda a identificar un riesgo, pero no demuestra la eficacia de un procedimiento concreto.

¿Cómo ayuda Empatyzer a preparar una ronda con participación del paciente?

Em, en el modo de equipo, ayuda a acordar quién presentará a los participantes y explicará el propósito de la visita; «Sobre mí» ayuda a reconocer las propias prisas.

Funciones que te ayudarán:

  • Tú y tu equipo: Con Em se ensaya cómo presentar al equipo y explicar brevemente el plan; la vista del equipo ayuda a acordar quién responderá a las preguntas.
  • Conversación con Em sobre el equipo: El modo de equipo ayuda a acordar quién presentará a los participantes de la ronda.
  • Sobre mí: «Sobre mí» puede mostrar la tendencia a recurrir demasiado pronto a términos técnicos.

El paciente como interlocutor presente

Para el paciente, la ronda empieza antes de que se mencione el primer diagnóstico: varias personas se reúnen alrededor de su cama y quizá no sepa qué función desempeña cada una. Conviene presentarlas, explicar por qué ha venido el equipo y pedir permiso para hablar del caso a pie de cama, conforme a la práctica habitual. En vez de referirse al paciente ante los demás solo por su número de cama, quien dirige la ronda puede decirle: «Hoy vamos a hablar juntos del plan de tratamiento. Antes de que lo comentemos entre nosotros, ¿qué es lo más importante para usted ahora?». La pregunta le permite señalar una necesidad urgente antes de que el personal pase a sus propias deliberaciones. Incluso una respuesta breve ayuda a iniciar la conversación con la persona que está en la cama, no solo sobre su enfermedad.

El mecanismo de la despersonalización

Describir la enfermedad es necesario durante la ronda, pero puede llegar a ocupar toda la conversación. Un artículo conceptual sobre la deshumanización en medicina ayuda a identificar cuándo se deja de tratar al paciente como interlocutor; también aborda las posibles funciones de ese distanciamiento. Sin embargo, no es un experimento que demuestre la eficacia de una forma concreta de hacer la ronda, y el concepto no implica que toda expresión clínica abreviada sea una forma de violencia. Imaginemos a un equipo que habla únicamente del número de cama y del órgano enfermo mientras el paciente intenta preguntar por su dolor o por los pasos siguientes. Es un ejemplo de cómo el lenguaje centrado en el caso desplaza las preguntas dirigidas a la persona, no una prueba de un daño medido en un estudio concreto. Conviene reconocer ese momento y volver a dirigirse al paciente.

Durante un procedimiento

Durante una exploración o un procedimiento, la conversación del equipo puede centrarse fácilmente en lo que está haciendo, mientras el paciente se queda sin saber qué ocurre. Antes del siguiente paso, conviene explicar brevemente qué hará el personal y qué puede esperar. También hay que darle una forma sencilla de comunicar si siente dolor, sin obligarlo a interrumpir una conversación mantenida por encima de él. Es mejor evitar los comentarios sobre su cuerpo que no sean necesarios para hablar con él ni para el trabajo del equipo. Si es preciso comentar aspectos clínicos, puede hacerse con lenguaje técnico, pero sin que eso sustituya la explicación dirigida a la persona examinada. Así, el paciente sabe cómo puede reaccionar durante el procedimiento.

Incertidumbre y discrepancias

A pie de cama pueden surgir distintas valoraciones del estado del paciente. No hace falta fingir una certeza que el equipo no tiene, pero es mejor trasladar fuera de la habitación una discusión profesional detallada que no esté destinada al paciente. Después conviene volver y ofrecerle una explicación comprensible: qué se sabe ya, qué sigue siendo incierto y cuál es el siguiente paso. Si los médicos dan instrucciones contradictorias o hacen promesas diferentes delante del paciente, este puede no saber qué esperar. Transmitir un mensaje común no significa ocultar las discrepancias. Significa acordar cómo explicarlas con honestidad, sin trasladar al paciente el peso del debate profesional. Tras la explicación, hay que dejarle tiempo para preguntar por las consecuencias de lo acordado.

La voz de los pacientes a quienes cuesta escuchar

Un paciente que no puede hablar con facilidad también debe tener la posibilidad de participar en la ronda. A una persona con afasia o con un tubo pueden ayudarle los gestos, un tablero de comunicación y disponer de más tiempo; antes de dirigirse a la familia, conviene comprobar qué puede comunicar el propio paciente. No se trata de excluir a sus allegados, sino de evitar que sustituyan automáticamente su voz. Un estudio aleatorizado sobre la formación del personal para conversar con personas con afasia evaluó habilidades de comunicación observadas, no la recuperación del habla. Por su parte, el cuasiexperimento del programa SPEACS incluyó a 89 pacientes intubados. Estos contextos concretos respaldan la atención a las barreras de comunicación, pero no demuestran que cualquier herramienta sea superior en todas las unidades de cuidados intensivos.

Los límites de la comunicación clínica abreviada

El personal necesita términos técnicos para transmitirse con eficacia la descripción de la enfermedad, los resultados y las posibles decisiones. El límite aparece cuando esas expresiones abreviadas se convierten en el único lenguaje de la ronda o cuando la descripción del estado del paciente pasa a ser un juicio sobre su persona. Por eso, tras intercambiar información entre profesionales, conviene volver al paciente y explicarle con palabras sencillas qué se ha decidido y qué sucederá después. En vez de limitarse a preguntar si todo está claro, se le puede pedir que cuente cómo entiende el siguiente paso. Si surge un malentendido, el equipo tiene la oportunidad de aclarar el plan antes de alejarse de la cama. Pasar del lenguaje clínico a la conversación con el paciente no exige renunciar a la precisión.

Qué evaluar después de la ronda

Después de la ronda, conviene comprobar no solo si el equipo comunicó el plan, sino también qué entendió y recuerda el paciente. Se le puede preguntar si sabía quiénes estaban junto a su cama y para qué habían venido, quién toma las decisiones sobre su tratamiento y qué ocurrirá después. A la vez, conviene observar si antes de marcharse se le dio tiempo para plantear una pregunta propia y recibir respuesta. Estas preguntas ayudan a evaluar cómo transcurrió esa conversación concreta y a detectar lo que aún requiere una explicación. En cambio, no se deben extraer indicadores de mortalidad de un artículo conceptual sobre deshumanización ni afirmar que demuestra la eficacia de esta práctica. Ofrece un marco para reflexionar, no resultados de un experimento sobre las rondas.

Presentar al equipo, dirigirse al paciente con una pregunta y explicar el plan con claridad ayuda a hacer la ronda con él, no solo junto a su cama.

Empatyzer para preparar una ronda con participación del paciente

Antes de la ronda, el médico responsable puede preparar con Em una breve presentación de quienes se reunirán junto a la cama, así como una explicación para el paciente sobre el propósito de la conversación y el plan inmediato. En el modo de equipo conviene acordar quién presentará a los participantes y quién responderá a las preguntas del paciente; la vista del equipo ayuda a organizar este reparto antes de entrar en la habitación. El responsable puede ensayar con Em el inicio de la conversación, dirigiéndose primero al paciente para preguntarle qué es importante para él. La sección «Sobre mí» puede ayudarle a reconocer su tendencia a ir con prisas y a recurrir demasiado pronto a términos técnicos. Las microlecciones favorecen el hábito de dirigir las preguntas al paciente, también cuando hay varias personas junto a su cama. Incluso después de prepararse, el equipo debe escuchar atentamente sus respuestas y adaptar la conversación a si puede participar en la ronda y de qué manera.

Fuentes

  1. Happ, M. B., Garrett, K. L., Tate, J. A., DiVirgilio, D., Houze, M. P., Demirci, J. R., et al. (2014). Effect of a multi-level intervention on nurse–patient communication in the intensive care unit: Results of the SPEACS trial. Heart & Lung, 43(2), 89-98. https://doi.org/10.1016/j.hrtlng.2013.11.010 10.1016/j.hrtlng.2013.11.010
  2. Heard, R., O’Halloran, R., McKinley, K. (2017). Communication partner training for health care professionals in an inpatient rehabilitation setting: A parallel randomised trial. International Journal of Speech-Language Pathology, 19(3), 277-286. https://doi.org/10.1080/17549507.2017.1290137 10.1080/17549507.2017.1290137
  3. Haque, O. S., Waytz, A. (2012). Dehumanization in Medicine. Perspectives on Psychological Science, 7(2), 176-186. https://doi.org/10.1177/1745691611429706 10.1177/1745691611429706