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TL;DR: El personal de UCI puede incluir en la conversación a un paciente intubado consciente aunque no pueda hablar. Hay que comprobar cómo puede indicar sus respuestas, acordar un código, darle tiempo y confirmar lo que se ha entendido. El programa SPEACS respalda este enfoque en el contexto estudiado, pero no demuestra la eficacia de todas las herramientas.
¿Cómo ayuda Empatyzer a preparar la comunicación con un paciente en la UCI?
Em ayuda al personal a preparar preguntas de una en una, y la vista de equipo permite acordar un código de comunicación compartido.
Funciones que te ayudarán:
- Conversación con Em sobre ti: Con Em, prepara dos preguntas breves y una frase para confirmar el significado de la respuesta.
- Sobre mí: «Sobre mí» ayuda a reconocer la propia tendencia a hablar demasiado deprisa o a hacer varias preguntas a la vez.
- Microlecciones: Pueden reforzar el hábito de dejar tiempo para responder y transmitir el código de comunicación acordado.
Estar consciente no equivale a poder hablar
Un paciente intubado consciente puede oír y entender una conversación aunque el tubo le impida responder con la voz. Que no pueda hablar no significa que no tenga una opinión ni da pie a hablar de él como si no estuviera presente. Antes de hacerle una pregunta importante, el personal debe dirigirse directamente a él y comprobar si puede fijar la mirada, mover una mano o hacer otro gesto reconocible. También conviene valorar si está demasiado cansado para utilizar la forma de comunicación elegida. Esta breve prueba ayuda a adaptar la conversación a sus capacidades en ese momento. Si cuesta interpretar su respuesta, necesita más tiempo u otra vía para comunicarse, no que las preguntas se dirijan únicamente a quienes están junto a su cama.
Qué se estudió en SPEACS
El programa SPEACS evaluó la comunicación de enfermeras con pacientes intubados conscientes en dos unidades de cuidados intensivos. El estudio tenía un diseño cuasiexperimental e incluyó a 89 pacientes y 30 enfermeras; sus distintas fases abordaron la formación y el apoyo a la comunicación. Los resultados apuntan a que es posible mejorar la comunicación en el contexto estudiado, pero no permiten atribuir la mejora a un tablero concreto ni considerar que todas las herramientas sean igual de útiles en cualquier UCI. Tampoco demuestran que el mero hecho de proporcionar una ayuda cambie siempre la conversación. Para el personal, la orientación práctica es elegir una forma de comunicación adecuada al paciente y a las condiciones de trabajo y comprobar después si realmente le ayuda a expresar su respuesta.
Acordar un código
Antes de preguntar por necesidades o decisiones, el paciente y el personal necesitan un código compartido: qué significa «sí», qué significa «no» y cómo indicar «no lo sé» o que no puede dar una respuesta segura. Conviene probarlo con una pregunta cuya respuesta se conozca, en lugar de dar por hecho que cualquier movimiento tiene un significado evidente. Si la señal es un parpadeo, hay que distinguir una respuesta intencionada de un reflejo o de cerrar los ojos por cansancio. Si no es posible, no se debe registrar la decisión como confirmada. El código acordado también debe comunicarse a quien tome el relevo en el siguiente turno. De lo contrario, otra persona podría interpretar el mismo gesto de otra manera y el paciente tendría que volver a explicar cómo intenta comunicarse.
Preguntas y ritmo
Hacer una sola pregunta cada vez ayuda al paciente a indicar a qué está respondiendo. Si el personal pregunta a la vez por el dolor, la postura y la necesidad de llamar a sus familiares, un único gesto podría referirse a varias cosas. Es mejor separar las cuestiones, dejar tiempo para responder tras cada pregunta y permitir una pausa si el paciente se cansa. El ritmo de la conversación debe ajustarse al tiempo que necesita para mirar, señalar o mover la mano, no a la velocidad con la que habla el personal. Incluso una señal que parece clara conviene comprobarla: decirle al paciente cómo se ha interpretado y pedirle que lo confirme. Solo entonces se puede registrar la respuesta. La paciencia de quien conversa con él no sustituye a la herramienta, pero ayuda a determinar si esta realmente transmite lo que el paciente quiere decir.
Los temas que importan al paciente
La conversación no debería limitarse a los síntomas que el personal haya observado. El paciente puede querer comunicar dolor, una postura incómoda, sed o miedo, también fuera de la ronda clínica. Por eso conviene acordar de antemano cómo pedirá ayuda y cómo indicará que quiere decir algo que no contempla la pregunta del momento. Un tablero u otra ayuda solo es útil si está realmente a su alcance y puede utilizarla en ese momento. Dejar la herramienta junto a la cama no basta si no puede alcanzarla con la mano ni señalar una respuesta con la mirada. Contar con una vía de comunicación accesible le permite plantear sus propios temas, en vez de limitarse a responder a las preguntas de los demás.
La familia y el equipo
Los familiares pueden indicar qué gestos o formas de señalar conocía el paciente antes. Es una pista valiosa que debe comprobarse, no una garantía de que siempre interpreten bien su respuesta actual. En la medida en que su estado lo permita, hay que confirmar con el propio paciente cómo se desarrollará la comunicación. La importancia de contar con alguien que converse con paciencia también se aborda a partir del estudio de Kagan, pero su alcance es distinto: trató sobre la formación de 20 voluntarios para conversar con personas con afasia crónica, no sobre familiares de pacientes intubados. No permite deducir cuán eficaz será el apoyo de los familiares en la UCI. Su participación sigue siendo una propuesta práctica que debe acompañarse de la comprobación de las respuestas del paciente y de acuerdos compartidos por el equipo.
Cambiar de herramienta
Una forma de comunicación que funcionaba por la mañana puede dejar de ser viable tras administrar medicación, realizar un procedimiento o producirse un cambio en el estado del paciente. Antes de otra conversación importante, conviene volver a comprobar si puede hacer el gesto, usar la mirada o utilizar la ayuda elegida, en vez de basarse en lo acordado anteriormente. La herramienta debe permanecer junto a la cama, en un lugar donde realmente pueda alcanzarla o usarla para señalar una respuesta. Al transmitir el plan al siguiente turno, hay que distinguir las respuestas confirmadas por el paciente de aquellas cuyo significado sigue siendo incierto. Es una precaución práctica, no un resultado que demuestre la superioridad de un tablero concreto. SPEACS estudió un programa específico y un grupo limitado de pacientes; por eso, cada ayuda debe evaluarse en la conversación en curso.
Un paciente intubado consciente puede entender lo que se dice aunque no pueda responder en voz alta. Ayuda acordar un código sencillo, darle tiempo para reaccionar y comprobar que el personal ha interpretado bien su respuesta.
Empatyzer para preparar la comunicación con un paciente en la UCI
Una enfermera que prepara una conversación con un paciente consciente que responde mediante gestos y utiliza un tablero puede recurrir a Em para formular dos preguntas breves e inequívocas. También puede preparar una frase para comprobar cómo ha interpretado la respuesta, por ejemplo, preguntarle si ha entendido bien lo que ha señalado. En la sección «Sobre mí» puede examinar su tendencia a hablar demasiado deprisa o a hacer varias preguntas a la vez; esto le sirve para ajustar su propio ritmo, no para evaluar las capacidades del paciente. Las microlecciones pueden recordarle que debe dejar tiempo para responder y transmitir el código acordado al siguiente turno. La vista de equipo puede ayudar a acordar una forma común de hacer preguntas, para que la siguiente persona no empiece la conversación basándose en suposiciones. Em sirve aquí para preparar al personal: no interpreta los gestos en lugar del paciente, no confirma sus decisiones ni sustituye la comprobación de que la forma de comunicación elegida sigue estando a su alcance.
Fuentes
- Happ, M. B., Garrett, K. L., Tate, J. A., DiVirgilio, D., Houze, M. P., Demirci, J. R., et al. (2014). Effect of a multi-level intervention on nurse–patient communication in the intensive care unit: Results of the SPEACS trial. Heart & Lung, 43(2), 89-98. https://doi.org/10.1016/j.hrtlng.2013.11.010 10.1016/j.hrtlng.2013.11.010
- Kagan, A., Black, S. E., Duchan, J. F., Simmons-Mackie, N., Square, P. (2001). Training Volunteers as Conversation Partners Using "Supported Conversation for Adults With Aphasia" (SCA). Journal of Speech, Language, and Hearing Research, 44(3), 624-638. https://doi.org/10.1044/1092-4388(2001/051)) 10.1044/1092-4388(2001/051)
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