El coste de ocultar quién eres en el trabajo
TL;DR: Quien posee un rasgo invisible y socialmente estigmatizado puede decidir continuamente qué revelar y a quién. Ocultarlo puede resultar agotador, pero revelarlo no siempre es seguro ni necesario. La decisión corresponde a la persona afectada. La organización debería facilitar el acceso al apoyo sin exigir más información privada de la necesaria.
¿Cómo ayuda Empatyzer a preparar una conversación que respete la privacidad?
Empatyzer ayuda a preparar una conversación sobre las necesidades de comunicación y los límites al revelar información en una relación profesional.
Funciones que pueden ayudarte:
- Habla con Em sobre ti: Facilita definir el objetivo de la conversación y qué quiere comunicar el usuario y qué prefiere mantener en privado.
- Habla con Em sobre una persona concreta: Ayuda a formular una petición de apoyo sin ampliar innecesariamente el alcance de la información personal.
Una pregunta aparentemente trivial durante el café
«¿Qué hiciste el fin de semana?» puede ser el inicio de una charla informal. Para alguien que no revela su orientación, su estado de salud o una situación familiar importante, puede implicar una rápida selección de palabras. ¿Decir la verdad, omitir un detalle o cambiar de tema? Este momento hipotético no tiene por qué ser dramático en sí mismo. Su importancia puede residir en que se repite: la persona vigila constantemente que una anécdota corriente no revele una información cuyas consecuencias no puede prever en ese entorno. No toda información privada está estigmatizada ni toda decisión de callar nace del miedo. Las personas tienen derecho, sencillamente, a separar el trabajo de su vida personal. El problema estudiado se refiere a situaciones en las que revelar un rasgo invisible puede cambiar la valoración social de la persona. La experiencia depende de la información concreta, el entorno y las reacciones anteriores. No se debe suponer que los miembros de un mismo grupo tengan necesidades idénticas sobre cuánto revelar de sí mismos. La privacidad no es lo mismo que esconderse por miedo. Una persona puede decidir no hablar en el trabajo de su salud, su familia o sus convicciones y sentirse bien con ese límite. La dificultad surge cuando controla sin cesar lo que dice para no revelar información que podría cambiar el trato que recibe. La diferencia no siempre resulta visible desde fuera. Por eso, la apertura no debe considerarse una prueba obligatoria de confianza en el equipo. Un entorno seguro permite elegir, no exige contar toda la historia personal. El empleado debería poder comunicar una necesidad relacionada con la organización del trabajo sin sentir que debe ganarse el derecho a que se considere revelando más datos personales de los necesarios.
Suele ser una serie de decisiones y no un único momento
La revisión de Jones y King presenta la gestión de una identidad estigmatizada ocultable como un proceso que depende de la persona y de la situación. Un empleado puede hablar abiertamente con un compañero, ser prudente ante su superior y actuar de otra forma en un equipo nuevo. Esto no implica necesariamente incoherencia. Los distintos receptores tienen diferente poder, una historia distinta de contacto y una influencia desigual sobre la posterior circulación de la información. Jones y King, 2014. En la práctica también importa si es posible revelar solo una parte de los datos necesarios. Una persona puede querer pedir un cambio en la forma de recibir instrucciones sin contar todo su historial médico. Puede hablar de su pareja con una compañera cercana sin consentir que la información se transmita a todo el departamento. Revelársela a alguien no equivale a autorizar su posterior difusión sin límites. Una buena intención como «quería demostrar que somos abiertos» no anula el derecho de la persona afectada a controlar su propia información.
El coste de ocultarse no justifica imponer la sinceridad
La revisión de Follmer, Sabat y Siuty organiza los estudios sobre la revelación de identidades estigmatizadas en el trabajo. La bibliografía muestra unos condicionantes y consecuencias complejos, por lo que no sustenta el consejo universal «cuéntaselo a todos y te sentirás mejor». Un entorno de apoyo puede abrir posibilidades, pero no todos los empleados tienen motivos para considerarlo suficientemente seguro. La decisión debería tener en cuenta sus objetivos, riesgos y límites. Follmer et al., 2020. En el ejemplo de la conversación durante el café, la solución no tiene por qué ser revelar la información. Puede consistir en poder decir «prefiero reservármelo» sin que nadie siga insistiendo. Por otro lado, quien desea hablar con franqueza no debería oír que «es mejor no traer esos temas al trabajo» si los demás cuentan libremente aspectos análogos de su vida. La igualdad también implica que la información corriente de un grupo no se convierta automáticamente en una confesión controvertida cuando procede de otro. El coste puede estar ligado a pequeñas decisiones que se toman muchas veces a lo largo del día. ¿Cómo responder a una pregunta sobre el fin de semana? ¿Conviene corregir la suposición de alguien? ¿Es mejor evitar un tema determinado? Cada situación puede ser pequeña, pero juntas generan una carga adicional. Esto no significa que revelar la información siempre sea la mejor solución. El entorno puede reaccionar realmente de manera desfavorable y las consecuencias recaen ante todo sobre la persona afectada. Por eso, un interlocutor que quiera apoyar debería evitar la promesa fácil de que basta con ser uno mismo. Es más útil preguntar qué necesita la persona en esa situación concreta y qué condiciones aumentarían su sensación de seguridad. La decisión sobre cuánto revelar debe seguir siendo suya.
Cómo recibir la información que alguien ha decidido compartir
La primera respuesta puede ser sencilla: «Gracias por contármelo. ¿Qué es importante para ti respecto a lo que debo hacer con esta información?». Conviene preguntar qué apoyo espera y qué grado de confidencialidad desea, sin darlos por supuestos. No es necesario demostrar de inmediato nuestra apertura contando una historia sobre otro conocido. Mucho menos se deben hacer preguntas detalladas por curiosidad. La conversación trata de las necesidades de quien se abre, no de la necesidad del receptor de saber más. Si la información llega a un directivo, este debería explicar con claridad qué puede mantener en privado y cuándo será necesario que intervenga la función adecuada dentro de la organización. En los asuntos formales importan los procedimientos vigentes y las facultades correspondientes. No se puede prometer una confidencialidad ilimitada sin saber si es posible. Al mismo tiempo, la circulación de datos debe limitarse a lo necesario. Una adaptación práctica de las condiciones de trabajo no exige explicar públicamente al equipo toda la situación personal del empleado.
Un entorno seguro se reconoce en las reacciones cotidianas
La declaración «puedes ser tú mismo» sirve de poco si en el equipo nadie reacciona ante las bromas sobre determinados grupos. Los empleados observan estas situaciones antes de decidir si revelarán una información. La organización puede generar credibilidad reaccionando ante comentarios denigrantes, estableciendo normas claras de privacidad y ofreciendo canales de apoyo accesibles. También conviene evitar los ejercicios obligatorios que exigen confidencias personales. La apertura vale más cuando es una posibilidad y no una condición para que alguien sea considerado auténtico y bien integrado en el equipo. El líder puede crear condiciones de confianza mediante la forma de manejar la información que ya se le ha confiado. Si un asunto privado se convierte en tema de conversación dentro del equipo, las declaraciones posteriores de confidencialidad pierden credibilidad. Conviene definir con claridad quién necesita una información y para qué. Si es imprescindible transmitirla, hay que explicárselo a la persona afectada en vez de dejarla en la incertidumbre. Igual de importantes son las reacciones ante bromas y comentarios estereotipados sobre grupos ausentes. Los empleados también los observan cuando todavía no han revelado nada sobre sí mismos. Una cultura de respeto no debería comenzar solo después de que alguien comunique formalmente su identidad o su necesidad. Debería ser la norma habitual de conversación para todos.
Ocultar una parte importante de uno mismo puede exigir esfuerzo, pero la decisión de revelarla sigue siendo personal y depende del contexto. Apoyar significa crear condiciones creíbles, respetar los límites y preguntar por las necesidades. No exige obtener pleno acceso a la historia privada de una persona.
Empatyzer para preparar una conversación que respete la privacidad
Empatyzer puede ayudar a preparar un mensaje sobre una necesidad profesional sin ampliar innecesariamente el alcance de la información personal. En «Habla con Em sobre ti», el usuario puede definir el objetivo de la conversación, los límites de lo que quiere revelar y el cambio que desea solicitar. Un ejemplo sería acordar la forma de contacto u organización de una tarea, y no exponer toda una historia privada. En «Habla con Em sobre una persona concreta» se puede perfeccionar después el lenguaje de la petición y la pregunta sobre el tratamiento posterior de la información comunicada. Conviene aportar solo el contexto necesario para preparar el mensaje. Em no determina si será seguro revelar un asunto concreto ni sustituye el cauce adecuado para obtener apoyo. Sí ayuda a mantener claro el objetivo propio y a distinguir una necesidad de colaboración de la presión para hacer confidencias. El alcance definitivo de la conversación debería responder a una decisión consciente del usuario y a las condiciones reales de su trabajo.
Fuentes e investigación
- Kristen P. Jones; Eden B. King (2014). Managing Concealable Stigmas at Work: A Review and Multilevel Model. Journal of Management, 40(5), 1466-1494. https://doi.org/10.1177/0149206313515518 DOI: 10.1177/0149206313515518
- Kayla B. Follmer; Isaac Emmanuel Sabat; Rose L. Siuta (2020). Disclosure of stigmatized identities at work: An interdisciplinary review and agenda for future research. Journal of Organizational Behavior, 41(2), 169-184. https://doi.org/10.1002/job.2402 DOI: 10.1002/job.2402
Autor: Empatyzer
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