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TL;DR: El personal de una residencia puede hablar a una persona adulta con demencia de forma sencilla, sin infantilizarla: preguntar cómo prefiere que se dirijan a ella, anunciar lo que van a hacer y darle tiempo para responder. El programa CHAT se estudió en residencias; sus resultados no deben extrapolarse directamente a una guardia hospitalaria.
¿Cómo ayuda Empatyzer a hablar con una persona adulta con demencia?
«Sobre mí» ayuda al profesional a reconocer sus hábitos al hablar, y Em, a preparar una explicación clara de lo que va a hacer.
Funciones que te ayudarán:
- Sobre mí: En «Sobre mí», analiza su forma de hablar y practica con Em una breve explicación de la siguiente actividad.
- Hablar con Em sobre uno mismo: Em ayudará a preparar una frase breve que explique la actividad con respeto hacia la persona atendida.
- Microlecciones: Pueden ayudar a sustituir los diminutivos no solicitados por información clara.
Hablar con sencillez sin infantilizar
Cuando una persona adulta con demencia necesita una explicación breve, conviene simplificar la frase, no la relación. Se le puede decir qué va a ocurrir a continuación con palabras comprensibles y un tono propio de una conversación entre adultos. Al principio, es útil preguntarle si prefiere que la llamen por su nombre o que usen un tratamiento de cortesía, y respetar después su elección. Una voz aguda e infantil y los diminutivos no solicitados no son necesarios para hacerse entender. En lugar de hablar con quien la cuida como si ella no estuviera presente, o de anunciar «vamos» cuando es la persona quien va a someterse a una prueba, es mejor dirigirse primero a ella: «Señor Jan, ahora le harán una prueba». Si hace falta, los detalles se pueden explicar después a quien la acompaña.
Qué es el habla condescendiente
El habla condescendiente, también llamada elderspeak, no consiste simplemente en hablar despacio. Incluye, entre otras cosas, una entonación infantil y condescendiente, y diminutivos que la persona no ha elegido. En los cuidados cotidianos puede aparecer en una frase como «vamos a hacernos una prueba», aunque sea la persona atendida quien vaya a someterse a ella, o en una expresión demasiado familiar utilizada sin preguntarle si le parece bien. El programa CHAT abordaba precisamente esos patrones de comunicación entre el personal y las personas con demencia en residencias. El contexto importa: las conversaciones se produjeron durante los cuidados, en una lengua y unas condiciones locales concretas. Hablar más despacio para ayudar a una persona determinada a oír el mensaje no es, por sí solo, condescendiente.
El estudio de la intervención
Un estudio de intervención por conglomerados evaluó el programa de formación CHAT para el personal de residencias que atendía a personas con demencia. En ese contexto, la formación redujo el uso del habla condescendiente durante los cuidados. Se midieron conductas en esas situaciones, no la capacidad de cada persona para tomar decisiones. Por tanto, el resultado no permite prejuzgar las capacidades de quien tenemos delante. Tampoco hay que suponer que se obtendrá el mismo efecto durante una guardia hospitalaria de urgencias: el entorno, el desarrollo del contacto y las necesidades de la persona pueden ser diferentes. El estudio señala un aspecto en el que el personal puede trabajar, pero en cada conversación sigue siendo necesario observar la reacción de la persona y adaptar a ella el siguiente paso.
Comprobar qué ha entendido
Tras explicar brevemente lo que se va a hacer, conviene comprobar qué ha entendido la persona, en lugar de interpretar su silencio como consentimiento o como señal de que no ha comprendido. Ayuda hacer una sola pregunta cada vez y dejar un momento de silencio para que responda. Si la respuesta no está clara, se puede repetir la información con otras palabras, sin adoptar un tono infantil. También es útil ofrecerle una opción que realmente pueda elegir; por ejemplo, preguntarle si prefiere sentarse antes de la prueba. Después hay que esperar y prestar atención también a cómo responde. Una elección pequeña y concreta no sustituye la conversación sobre todo el procedimiento, pero permite dirigir la pregunta a la persona y conocer mejor sus capacidades en ese momento.
Cuando aparece resistencia
Negarse a una actividad no implica necesariamente terquedad ni falta de colaboración. Antes de volver a pedirle que participe, conviene comprobar si la persona siente dolor, si le molesta el ruido, si está cansada o si no ha entendido la indicación. Cada circunstancia puede requerir una respuesta distinta: explicar la actividad con palabras más sencillas, ir más despacio o trasladar la conversación a un lugar más tranquilo. También es importante evitar comentar su conducta en público, especialmente delante de otras personas. Hablar de las dificultades debe servir para determinar qué se puede cambiar, no para avergonzarla. Tras esa pausa, se puede volver a hablar directamente con ella y comprobar si está dispuesta a retomar la conversación.
El papel de la familia
La familia puede ayudar al personal a conocer las palabras, la forma de dirigirse a la persona y las costumbres que le resultan familiares. También conviene preguntar a sus allegados qué manera de establecer contacto suele funcionar. Esta información es útil, pero no debe hacer que la conversación y las decisiones pasen automáticamente de la persona atendida a quien la acompaña. Incluso cuando la familia esté presente, es preferible dirigir primero a la persona la pregunta sobre la actividad o las opciones disponibles, de acuerdo con sus capacidades en ese momento. Si necesita más tiempo, se puede esperar en vez de pedir enseguida una respuesta a sus allegados. Cuando hagan falta las explicaciones de la familia, conviene incorporarlas a la conversación de modo que la persona siga participando en ella.
El trabajo en equipo
El equipo puede practicar cómo sustituir las expresiones condescendientes por propuestas claras. En lugar de «venga, vamos, cariño», se puede decir: «Señor Jan, es hora de la prueba. ¿Quiere sentarse primero?». Al comentar estas situaciones, conviene recoger observaciones sobre las palabras utilizadas y las reacciones de la persona, sin avergonzar al profesional al que se le haya escapado una expresión poco acertada. Así se obtiene un punto de partida para cambiar el hábito incluso cuando hay prisa. Si la persona también tiene pérdida auditiva, puede ser útil tener presente el esfuerzo que supone escuchar: recuerda que escuchar puede resultar exigente. No demuestra, sin embargo, que una fórmula concreta de conversación mejore los resultados de los cuidados. Por eso, el equipo debe comprobar qué ayuda a cada persona, en vez de emplear la misma fórmula con todas.
Un mensaje breve, la forma de tratamiento elegida por la persona y tiempo para responder ayudan a mantener el respeto en los cuidados cotidianos.
Empatyzer en la conversación con una persona adulta con demencia
Una cuidadora observa que, cuando tiene prisa, empieza a usar diminutivos con una persona adulta con demencia. Antes de la siguiente conversación, puede examinar en «Sobre mí» sus hábitos al hablar e identificar el momento en que cambia de tono automáticamente. Después practica con Em cómo anunciar brevemente lo que va a hacer: se dirige a la persona con la forma de tratamiento adulta que esta ha elegido, le dice qué se propone hacer y le deja espacio para responder. Si hasta entonces decía «ahora nos lavamos las manitas», puede preparar una explicación más clara sobre el lavado de manos, sin el diminutivo no solicitado. Las microlecciones pueden ayudarla a sustituir ese hábito lingüístico por un mensaje sencillo. Antes de entrar en la habitación, también puede ensayar con Em una frase que se ajuste de verdad a la próxima actividad. Sin embargo, durante la conversación no se aferra a un guion a toda costa: observa la reacción de la persona, le da tiempo y, si algo no queda claro, lo explica de otra manera.
Fuentes
- M. Kathleen Pichora-Fuller; Sophia E. Kramer; Mark A. Eckert; Brent Edwards; Benjamin W. Y. Hornsby; Larry E. Humes; Ulrike Lemke; Thomas Lunner; Mohan Matthen; Carol L. Mackersie; Graham Naylor; Natalie A. Phillips; Michael Richter; Mary Rudner; Mitchell S. Sommers; Kelly L. Tremblay; Arthur Wingfield (2016). Hearing Impairment and Cognitive Energy: The Framework for Understanding Effortful Listening (FUEL). Ear and Hearing, 37(Suppl 1), 5S-27S. https://doi.org/10.1097/AUD.0000000000000312 10.1097/AUD.0000000000000312
- Williams, K. N., Perkhounkova, Y., Herman, R., Bossen, A. (2017). A Communication Intervention to Reduce Resistiveness in Dementia Care: A Cluster Randomized Controlled Trial. The Gerontologist, 57(4), 707-718. https://doi.org/10.1093/geront/gnw047 10.1093/geront/gnw047
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