Comunicación médico-paciente

El pediatra en la consulta: ¿cómo hablar con el niño y con su progenitor?

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TL;DR: En la consulta pediátrica, el pediatra habla con dos personas que aportan información distinta: el progenitor conoce la evolución de la enfermedad y el niño experimenta los síntomas. Conviene escuchar a ambos, adaptar las preguntas a la edad del niño y comprobar por separado qué ha entendido cada uno.

¿Cómo ayuda Empatyzer a hablar con el niño y su progenitor?

Em ayuda a preparar dos maneras de explicar la exploración, mientras que «Sobre mí» permite detectar la tendencia a dirigirse únicamente al adulto.

Funciones que te ayudarán:

  • Hablar con Em sobre uno mismo: Con Em, prepara frases breves adecuadas a la edad del niño e información más completa para el cuidador.
  • Sobre mí: «Sobre mí» ayuda a detectar la tendencia a hablar únicamente con el adulto.
  • Microlecciones: Pueden reforzar el hábito de comprobar qué ha entendido cada uno de la visita.

Tres perspectivas

En la consulta pediátrica, tres personas pueden hablar del mismo problema desde perspectivas diferentes. El progenitor conoce la evolución de la enfermedad, observa al niño en casa y puede tener sus propias preocupaciones. El niño experimenta los síntomas, aunque no siempre sabe describirlos como un adulto. El médico reúne esa información y es responsable del diagnóstico. Por eso conviene preguntar al niño cómo se siente de una manera adecuada a su edad y pedir al progenitor, por separado, que cuente lo que ha observado. Una revisión de 21 estudios sobre conversaciones entre médicos, niños y progenitores muestra que la participación del niño varía según la edad y la situación. Lo que cuenta el progenitor es valioso, pero no siempre sustituye la respuesta del niño. Incluso una pregunta breve dirigida directamente al pequeño paciente ayuda a distinguir lo que procede de su propia experiencia.

El inicio de la consulta

El comienzo de la consulta puede dar cabida a ambos interlocutores. Aunque sea el progenitor quien explique el motivo de la visita, el médico puede saludar primero al niño y contarle con palabras sencillas qué va a ocurrir. Después conviene acordar con el progenitor qué asuntos son hoy los más urgentes, para no dejar sus inquietudes sin respuesta. Antes de iniciar la entrevista clínica, el médico puede anticipar al niño qué le va a preguntar y darle tiempo para responder. Solo entonces puede pedir al cuidador que complete la historia o aclare los detalles. Este orden no priva al progenitor de la palabra: permite escuchar cómo describe el niño el problema antes de que los adultos orienten la conversación a su manera. Si el niño no sabe responder, se puede simplificar la pregunta o continuar la entrevista basándose en el relato del progenitor.

Cuando el progenitor responde por el niño

Cuando el progenitor se apresura a responder a todas las preguntas, el médico no tiene por qué convertirlo en un conflicto. El cuidador puede conocer detalles importantes que el niño no recuerda, pero conviene distinguir sus observaciones de las palabras del pequeño paciente. Si el niño puede responder, se puede volver a él con calma y hacerle una pregunta más sencilla: dónde le duele, cuándo lo nota o qué le preocupa. Con un niño mayor, puede ayudar explicar el orden: «Primero te preguntaré a ti cómo lo sientes y después pediré a tu madre que me dé más detalles». El progenitor sigue teniendo espacio para completar la descripción de los síntomas. No se trata de enfrentar al niño con su progenitor delante de otras personas, sino de recoger ambos relatos sin atribuir al niño cosas que no ha dicho.

El miedo y las noticias difíciles

El miedo puede estar relacionado tanto con la exploración como con la información que la familia reciba durante la consulta. Antes de explorar al niño, el médico puede explicarle con palabras sencillas qué va a hacer y qué puede esperar. También conviene preguntar a ambos qué es lo que más les preocupa, porque sus respuestas no tienen por qué coincidir. Antes de comunicar una noticia difícil, ayuda averiguar qué sabe ya el niño y qué palabras utiliza. Si puede participar en la conversación, no es necesario hablar de sus temores únicamente con el progenitor. La revisión de 21 estudios sobre comunicación entre médicos, niños y progenitores no ofrece una pauta única para todas las edades. Es una razón para adaptar las explicaciones al niño y a la situación concretos, en lugar de dar por supuesto cuánto quiere saber.

La decisión y el grado de participación

Cuando la conversación pasa de las explicaciones a las decisiones, la participación del niño sigue teniendo que ajustarse a su edad y sus capacidades. El médico puede explicar al progenitor por qué pide la opinión del niño y aclarar al niño qué responsabilidades corresponden al cuidador y al médico. Deben recabarse los consentimientos necesarios conforme a la práctica aplicable; preguntar al niño por su experiencia o sus preferencias no sustituye ese proceso. Una revisión sistemática de 79 estudios sobre la toma de decisiones compartida en pediatría señala, entre otros factores, la importancia del tiempo, las emociones, las relaciones de poder y la calidad de la información. Sin embargo, los estudios eran demasiado heterogéneos para realizar un metaanálisis o establecer una clasificación de las formas de conversar más eficaces. Por eso conviene ofrecer información comprensible y dejar espacio para las preguntas, sin prometer una solución única para todas las familias.

Cuando hace falta hablar por separado

No todos los temas pueden tratarse con libertad delante de todos los presentes. El médico puede advertir que el niño se queda callado cuando surge algo que le incomoda y preguntarle si necesita otra forma de hablarlo. Sin embargo, no debe dar por hecho que todas las familias desean repartir el tiempo y la palabra del mismo modo. La edad del niño y las condiciones de seguridad importan a la hora de organizar el resto de la visita. Si hace falta hablar a solas un momento con el progenitor o con el adolescente, conviene explicar de antemano el propósito de esa conversación y los límites de la confidencialidad. Así, separar a los interlocutores no parecerá una forma de apartar a alguien de la decisión. Después, el médico puede volver a los acuerdos compartidos en la medida adecuada a la situación y de forma comprensible para los participantes.

Un resumen para dos destinatarios

Al final, una única versión de las indicaciones puede no ser suficiente. Al niño conviene explicarle con palabras sencillas qué sucederá a continuación y qué puede hacer o comunicar él mismo. El progenitor necesita un plan de cuidados, saber cuándo debe ponerse en contacto y a qué señales de alarma prestar atención. En lugar de limitarse a preguntar «¿Está todo claro?», el médico puede comprobar por separado qué ha retenido cada uno. Puede pedir al niño que explique con sus propias palabras cuál es el siguiente paso y al progenitor que describa las indicaciones y cuándo debe volver a consultar. Si las respuestas difieren o algo sigue sin estar claro, aún hay tiempo para una breve aclaración. Cerrar así la visita da a ambos la oportunidad de salir de la consulta con un plan ajustado a sus respectivos papeles.

El progenitor conoce la evolución de la enfermedad, mientras que el niño puede contar cómo se siente. El pediatra necesita ambas perspectivas, aunque la participación del niño debe ajustarse a su edad y a la situación.

Empatyzer en la conversación del médico con el niño y su progenitor

Antes de la visita, el pediatra puede conversar con Em para preparar dos maneras de explicar la misma exploración: frases breves adecuadas a la edad del niño e información más completa para el progenitor. También puede preparar un inicio en el que se dirija primero al niño y luego al cuidador, en vez de plantear de entrada todas las preguntas al adulto. La función «Sobre mí» le ayudará a detectar su tendencia a dejar al niño al margen de la conversación; no sustituye, sin embargo, la observación de cómo reacciona ese niño concreto en la consulta. Al preparar el cierre de la visita, Em puede ayudarle a formular una pregunta distinta para comprobar si el niño y el progenitor han entendido el plan, así como un resumen claro para ambos. Las microlecciones pueden reforzar el hábito de hacer esta comprobación. Es una preparación para la conversación, no un guion cerrado: durante la consulta, el médico adapta sus palabras a la edad y las respuestas del niño, las preocupaciones del progenitor y el desarrollo de la exploración.

Fuentes

  1. Cahill, P., Papageorgiou, A. (2007). Triadic communication in the primary care paediatric consultation: a review of the literature. British Journal of General Practice, 57(544), 904-911. https://doi.org/10.3399/096016407782317892 10.3399/096016407782317892
  2. Boland, L., Graham, I. D., Légaré, F., Lewis, K., Jull, J., Shephard, A., et al. (2019). Barriers and facilitators of pediatric shared decision-making: A systematic review. Implementation Science, 14, 7. https://doi.org/10.1186/s13012-018-0851-5. Barriers and facilitators of pediatric shared decision-making: A systematic review