Cómo el silencio crea una apariencia de acuerdo en el equipo
TL;DR: La ignorancia pluralista aparece cuando las personas valoran erróneamente las convicciones privadas de los demás y se adaptan a una norma cuyo apoyo sobrestiman. En un equipo, la aparente unanimidad puede mantenerse sin acuerdo real. Ayuda recabar opiniones independientes y revelar su distribución de forma segura, sin presuponer qué piensa la mayoría.
¿Cómo ayuda Empatyzer a comprobar suposiciones implícitas?
Empatyzer ayuda a preparar una conversación sobre expectativas implícitas. No conoce las opiniones privadas del equipo ni sustituye su recogida.
Funciones que pueden ayudarte:
- Habla con Em sobre ti: Ayuda a separar la propia necesidad de las suposiciones sobre lo que piensan los demás.
- Habla con Em sobre el equipo: Facilita preparar preguntas que abran la conversación sobre las reglas sin sugerir una única respuesta correcta.
Todos creen que solo a ellos les molesta
En un departamento hipotético existe la costumbre de responder a última hora de la noche. Varias personas la consideran innecesaria, pero cada una ve la actividad de las demás y concluye que así demuestran su compromiso. Nadie habla de su cansancio, por lo que el equipo no recibe información de que la expectativa se cuestiona. Las conductas públicas empiezan a parecer una prueba de una preferencia común. Sin embargo, pueden ser consecuencia del mismo temor: si dejo de responder, resultaré ser la única persona a la que no le importa. Es un posible ejemplo de ignorancia pluralista. Su esencia es el error al valorar lo que piensan los demás en privado. No se trata simplemente de falta de conocimiento ni de cualquier situación de conformidad con el grupo. Una persona puede saber perfectamente que sus compañeros rechazan una regla y respetarla por temor al jefe. En ese caso, el problema fundamental está en otra parte. En la ignorancia pluralista, las personas confunden la adaptación visible de los demás con su apoyo real. Una creencia errónea acerca de la mayoría puede ser especialmente persistente cuando la norma es visible en la conducta y las objeciones privadas permanecen dispersas. Cada persona conoce su propio coste, pero desconoce el que asumen los demás. En el ejemplo de los mensajes nocturnos, el empleado ve la hora de envío de la respuesta, pero no sabe si el compañero quería trabajar entonces o temía las consecuencias de guardar silencio. Por eso, la conducta del grupo no es un estudio directo de sus preferencias. A la vez, no debe suponerse que detrás de toda conformidad se oculte una oposición masiva. Hay que comprobar la hipótesis. Tal vez algunas personas apoyen realmente la norma y otras necesiten otra manera de participar. Un diagnóstico riguroso importa más que un relato atractivo sobre una mayoría oculta.
Por qué la conducta no revela toda la opinión
El trabajo clásico de Prentice y Miller se refería a las normas percibidas sobre el consumo de alcohol en un campus, no a empresas. Muestra el mecanismo de discrepancia entre la propia convicción y la valoración de las convicciones del entorno. El estudio de Munsch y sus colaboradores aplica la cuestión a las normas de competencia basadas en demostrar masculinidad en el trabajo. Esto no significa que toda sobrecarga de un equipo se deba a una mayoría mal interpretada. Prentice y Miller, 1993; Munsch et al., 2018. La dificultad práctica es que conocemos nuestras dudas, pero vemos principalmente las conductas ajenas. Sabemos que respondemos de noche por temor a la evaluación. En un compañero solo vemos una respuesta rápida y podemos atribuirla a la ambición o a que le gusta ese ritmo. Si muchas personas razonan de esta forma, la norma se mantiene sola. Cada nuevo mensaje parece confirmar la creencia que antes impulsó a enviarlo.
Una pregunta pública puede mantener la apariencia de acuerdo
Durante una reunión, el jefe pregunta: «No tenemos ningún problema con la disponibilidad, ¿verdad?». Nadie responde. No se puede deducir de ello que todos acepten el sistema actual. La pregunta sugiere la respuesta esperada y la primera persona que plantee un problema debe oponerse a la calma visible del grupo. El siguiente silencio se convierte en otra señal de la supuesta unanimidad. Incluso quien dirige y quiere conocer realmente la opinión puede dificultar que se exprese por la forma de preguntar. Un comienzo mejor es recoger respuestas independientes: qué horario de contacto se necesita, cuáles son las expectativas actuales y qué modelo considera razonable cada persona. Separar estas preguntas importa. Es posible apoyar la limitación de los mensajes nocturnos y, a la vez, creer que la organización exige disponibilidad constante. Si la encuesta solo pregunta «cómo son las cosas», no revelará esta diferencia. Si solo pregunta por las preferencias, no explicará el origen de la conducta actual. También importa el orden de las intervenciones. Si el superior presenta primero su postura, los demás pueden interpretarla como una indicación de qué respuesta es segura. Recoger opiniones individuales antes del debate reduce parte de esta influencia, aunque no garantiza por sí solo la sinceridad. Los empleados deben comprender quién verá las respuestas y cómo se utilizarán. No debe prometerse un anonimato imposible de mantener en un grupo pequeño. Sí puede buscarse una forma de conversación que reduzca una exposición innecesaria. También es importante no intentar adivinar públicamente quién escribió cada observación. Si toda respuesta crítica pone en marcha una búsqueda del autor, la siguiente recogida de opiniones puede producir un acuerdo todavía más aparente.
Muestra los resultados sin crear una ficción nueva
Si las respuestas revelan un apoyo amplio al cambio, conviene presentar la distribución real de las opiniones. No debe proclamarse unanimidad cuando no existe ni hablar de una supuesta mayoría para empujar a las personas hacia la conducta deseada. Esa manipulación reproduce el problema. Igual de importante es proteger a quienes responden. En un equipo muy pequeño, una cita o un detalle de la justificación puede revelar al autor aunque se elimine su nombre. La forma de presentación debe tener en cuenta esa posibilidad. Descubrir preferencias parecidas no resuelve por sí solo todos los obstáculos. El equipo puede querer conjuntamente noches tranquilas y, aun así, atender a clientes de otras zonas horarias. Entonces necesitará guardias, sustituciones o plazos de respuesta claros. Corregir la creencia errónea abre la conversación sobre la solución, pero no elimina las exigencias laborales. Sí facilita separar una necesidad empresarial real de una costumbre que todos mantenían por temor a los demás.
Qué puede hacer una sola persona
En vez de decir «todos estamos hartos», se puede comenzar por la experiencia propia: «Responder por la noche me dificulta descansar. Me gustaría acordar cuándo es realmente necesario». Este mensaje no atribuye a los demás opiniones que desconocemos. Puede animarlos a hablar, pero no los obliga a apoyar públicamente la postura. Si la posición de la persona es débil, puede ser más seguro utilizar un cauce acordado para presentar observaciones o hablar con el superior antes de la conversación de todo el equipo. También conviene estar preparado para un resultado que no confirme la hipótesis. Quizá algunos compañeros prefieran realmente el modelo actual. En ese caso, hace falta hablar de límites y soluciones que tengan en cuenta distintas necesidades, no convencerlos de que desconocen sus propias convicciones. El concepto de ignorancia pluralista sirve para comprobar un acuerdo aparente. No da derecho a considerar toda respuesta discordante otra capa de oposición oculta. Tras conocer las opiniones hay que separar claramente el resultado de la consulta de la decisión. El directivo puede tener en cuenta las posturas de los empleados y, aun así, elegir una solución que la mayoría no prefiere si existen exigencias concretas de la tarea. Debería explicar entonces el motivo en vez de presentar la decisión como voluntad común. De otro modo, el equipo recibe otra señal de que sus convicciones reales no importan o serán descritas de forma distinta a como se expresaron. También conviene revisar la solución adoptada después de un periodo de prueba. ¿Utilizan las personas la posibilidad acordada o siguen actuando como si la norma antigua continuase vigente? La discrepancia puede indicar que un cambio formal no eliminó el temor a la evaluación y que es necesario confirmar de manera coherente las reglas nuevas en la práctica.
El silencio y la adaptación no siempre significan apoyo. Un equipo puede mantener durante mucho tiempo una norma que la mayoría rechaza en privado. El cambio comienza comprobando las opiniones con rigor y creando condiciones para expresarlas sin riesgos innecesarios.
Empatyzer al comprobar suposiciones implícitas
Empatyzer puede ayudar a preparar una conversación sobre una norma cuyo apoyo parece obvio aunque nunca se haya comprobado. En «Habla con Em sobre ti», el usuario puede separar su propia preferencia de la creencia sobre lo que desean los demás. Un resultado útil es un mensaje que hable de la experiencia propia sin atribuir opiniones a todo el equipo. En «Habla con Em sobre el equipo» se pueden preparar preguntas neutrales acerca de las expectativas actuales, las necesidades y las posibles soluciones. Em no conoce las opiniones privadas de los empleados ni sustituye su recogida. El perfil del grupo no debe tratarse como prueba de que la mayoría respalda una regla concreta. La herramienta ayuda a preparar el modo de conversar, pero las respuestas deben proceder de los participantes. Después es importante presentar los resultados con rigor y explicar claramente la decisión, también cuando no confirmen la suposición anterior del usuario sobre lo que piensa realmente el equipo.
Fuentes e investigación
- Deborah A. Prentice; Dale T. Miller (1993). Pluralistic ignorance and alcohol use on campus: Some consequences of misperceiving the social norm.. Journal of Personality and Social Psychology, 64(2), 243-256. https://doi.org/10.1037/0022-3514.64.2.243 DOI: 10.1037/0022-3514.64.2.243
- Christin L. Munsch; Jonathan R. Weaver; Jennifer K. Bosson; Lindsey Trimble O'Connor (2018). Everybody but Me: Pluralistic Ignorance and the Masculinity Contest. Journal of Social Issues, 74(3), 551-578. https://doi.org/10.1111/josi.12282 DOI: 10.1111/josi.12282
Autor: Empatyzer
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