Cómo hablar de tus logros sin una autopromoción vacía

TL;DR: La autopromoción es una forma de influir en la imagen de nuestras competencias. Puede ayudar a transmitir información importante, pero también distorsionar la valoración de una aportación. Conviene describir la acción, el resultado y la participación de otros. El directivo debería ofrecer a todos una oportunidad comparable de mostrar su trabajo y contrastar la impresión mediante ejemplos concretos.

¿Cómo ayuda Empatyzer a preparar una conversación sobre los logros?

Empatyzer ayuda a preparar un resumen objetivo de la propia aportación y a adaptarlo a una conversación sobre evaluación o desarrollo.

Funciones que pueden ayudarte:

  • Habla con Em sobre ti: Facilita ordenar los logros, el objetivo de la conversación y las dificultades para hablar del propio trabajo.
  • Habla con Em sobre una persona concreta: Ayuda a adaptar la forma de presentar los resultados al estilo de comunicación del destinatario.

El resultado y el relato sobre el resultado

En el resumen de un proyecto, una persona habla durante varios minutos de su aportación. Otra se limita a decir: «Lo hicimos juntos». Después de la reunión, el superior recuerda mejor la primera intervención. Aún no sabemos quién aportó más. Sí sabemos que dispone de una historia más detallada de una de las personas. Este ejemplo muestra por qué la evaluación del trabajo no depende solo de la propia acción, sino también de la información que llega al evaluador. La autopromoción puede cubrir esa laguna o aprovecharla. La gestión de impresiones comprende conductas destinadas a influir en cómo nos ven los demás. La autopromoción es una de ellas y se centra en las competencias y los logros. No tiene por qué implicar una mentira. El empleado que presenta con claridad el resultado de un análisis invisible aporta datos necesarios. El problema comienza cuando un relato selectivo omite la aportación ajena, oculta errores o convierte un resultado común en éxito personal. La visibilidad deja entonces de ser un simple complemento de la evaluación y se convierte en una competencia por la autoría. Mostrar la aportación de forma objetiva no obliga a atribuirse todos los méritos. Se puede describir con claridad la responsabilidad propia y, a la vez, señalar el trabajo de otras personas. Ayuda separar lo realizado de forma autónoma, lo creado conjuntamente y el resultado para el destinatario. Así, la conversación no se reduce a afirmar en general que se ha trabajado mucho. El superior recibe datos que puede relacionar con los objetivos acordados. También conviene recordar que parte de una aportación valiosa consiste en prevenir problemas y no en rescatar espectacularmente una situación. Si solo describimos éxitos visibles, es fácil omitir el mantenimiento de la calidad, la transmisión de conocimientos y una coordinación eficaz de las dependencias gracias a los cuales el equipo no tiene que trabajar continuamente en crisis.

Qué dice la investigación sobre la fuerza de la impresión

La revisión de Bolino, Long y Turnley muestra la variedad de tácticas de gestión de impresiones y sus contextos. El metaanálisis de Peck y Levashina estudia la relación de estas tácticas con la evaluación durante entrevistas de selección y con la evaluación del trabajo. Es importante distinguir entre cómo se valora a alguien y lo que realmente consigue. Una impresión favorable no demuestra automáticamente una gran eficacia, aunque ambas puedan aparecer juntas. Bolino et al., 2016; Peck y Levashina, 2017. Tampoco debe suponerse que todas las formas de autopromoción funcionan igual. Importan el destinatario, la situación, la credibilidad y la forma de presentar la información. En una conversación sobre un ascenso se espera un resumen de logros; durante la resolución conjunta de una crisis, exponer largamente el propio papel puede dificultar el trabajo. Una buena pregunta es qué información necesita el destinatario para valorar la aportación con justicia. Esto desplaza la atención desde la cantidad de palabras hacia la utilidad del mensaje.

Por qué confiar en que los resultados hablan solos puede ser arriesgado

Muchas actividades no dejan una huella fácilmente visible: prevenir errores, ordenar dependencias o ayudar a otros. Si el empleado nunca habla de ellas, el superior puede no tener una imagen completa. En nuestro ejemplo, la persona que solo destaca el carácter colectivo del resultado no tiene que renunciar a ese enfoque. Puede añadir información concreta: «El equipo completó la implantación a tiempo; yo me encargué de coordinar los datos entre departamentos y detecté dos discrepancias antes del inicio». Es una descripción de la aportación que no quita a los demás la parte que les corresponde. Al mismo tiempo, la organización no debería trasladar al empleado toda la responsabilidad de ser visible. Si el ascenso depende de la habilidad para hablar sobre uno mismo, la empresa puede pasar por alto a quienes realizan un trabajo valioso de manera menos expresiva. El líder debería recabar información sobre las aportaciones con regularidad y no esperar únicamente declaraciones espontáneas. Un formato común de resumen ayuda a todos, sobre todo si incluye el resultado individual, el apoyo al equipo y la calidad de la colaboración. La evaluación también puede distorsionarse por las diferencias en las oportunidades de presentación. Quien comparece habitualmente ante la dirección puede recordar su aportación más veces que alguien con una función menos expuesta. Esto no significa que la primera persona manipule deliberadamente la imagen de la situación. Sí muestra por qué el directivo debería buscar información también entre los empleados menos visibles. Ayudan unos criterios comunes para describir los resultados y preguntas acerca de la participación concreta. También conviene comprobar quién recibe el reconocimiento por el trabajo colectivo. Si la persona que presenta el proyecto se convierte automáticamente en su única autora en la memoria de los destinatarios, es necesario corregir la forma de resumirlo. La visibilidad debería ayudar a reconocer las aportaciones, no sustituir su evaluación rigurosa.

Cómo hablar de uno mismo sin apropiarse del éxito

Una estructura útil incluye la situación, la acción propia, el resultado y la participación de otras personas. «Preparé un modelo que comparaba tres variantes; el equipo de operaciones verificó los supuestos y así elegimos una solución adaptada a las limitaciones del proyecto». Esta descripción permite comprender la responsabilidad y las dependencias. Si el resultado no puede atribuirse a una única intervención, conviene indicarlo. No hace falta ofrecer una cifra impactante cuya relación con el propio trabajo no se pueda justificar. También es útil separar el logro de la aspiración. «Quiero dirigir proyectos más grandes» no demuestra que ya sea capaz de hacerlo, pero sí aporta información importante sobre la dirección del desarrollo. En la conversación se pueden combinar ambos elementos: mostrar la aportación realizada y preguntar qué experiencias faltan para acceder al siguiente puesto. De esta forma, la autopresentación se convierte en una base para planificar, y no en una actuación aislada destinada a producir la mejor impresión posible sin posibilidad de comprobarla.

Cómo puede evitar el directivo dejarse llevar por el relato más sonoro

Conviene pedir ejemplos concretos, comprobar resultados y tener en cuenta la perspectiva de los compañeros. No se trata de desconfiar de toda afirmación, sino de aplicar el mismo estándar a todos. Si alguien dice «salvé el proyecto», se le puede preguntar qué hizo exactamente, qué alternativas había y quién más participó. También se deben plantear preguntas parecidas a las personas modestas para ayudarlas a nombrar su aportación. La evaluación debería utilizar varias fuentes de información, en lugar de recompensar únicamente una presentación memorable durante la reunión más reciente. Al preparar nuestro propio resumen conviene comenzar por el objetivo del destinatario. El superior necesita saber qué se logró, por qué era importante y qué decisión se deriva de ello para el futuro. Una lista larga de actividades puede ocultar el fondo tanto como los lemas exagerados sobre el éxito. Conviene seleccionar varios ejemplos y aportar pruebas del resultado, señalando los límites de la propia influencia. Si una tarea no produjo el efecto previsto, se puede explicar qué se aprendió y qué se modificó. Esta honestidad no tiene por qué debilitar la presentación. Permite mostrar criterio y responsabilidad en vez de crear la impresión de que todos los proyectos fueron triunfos incondicionales. Una buena autopromoción ayuda al destinatario a entender el trabajo y no solo a recordar a quien habló de él en voz más alta.

La visibilidad es necesaria, pero no debería sustituir las pruebas. El empleado puede describir objetivamente sus logros y conservar el reconocimiento del equipo. A su vez, la organización debería crear un proceso de evaluación en el que la calidad del trabajo pueda percibirse con independencia de la soltura natural para la autopresentación.

Empatyzer al preparar una conversación sobre los logros

Empatyzer puede ayudar a preparar una presentación concisa de la propia aportación antes de una conversación sobre evaluación o desarrollo. En «Habla con Em sobre ti», el usuario puede ordenar ejemplos, nombrar el objetivo de la reunión y examinar las dificultades para hablar de su trabajo. Después, en «Habla con Em sobre una persona concreta», se puede adaptar el formato del mensaje al perfil disponible del destinatario y al contexto de la relación. El resultado práctico es una conexión clara entre la tarea, la propia acción y el resultado, con una consideración honesta de la colaboración ajena. Em no verifica los logros ni crea pruebas de su importancia. Los datos y ejemplos deben proceder del usuario. La herramienta puede ayudar a elegir el orden y el lenguaje, pero no debería utilizarse para exagerar los méritos. Conviene usarla para preparar una conversación que haga más legible la aportación real y conduzca a acuerdos concretos sobre responsabilidades futuras o desarrollo.

Fuentes e investigación

  1. Mark Bolino; David Long; William Turnley (2016). Impression Management in Organizations: Critical Questions, Answers, and Areas for Future Research. Annual Review of Organizational Psychology and Organizational Behavior, 3(1), 377-406. https://doi.org/10.1146/annurev-orgpsych-041015-062337 DOI: 10.1146/annurev-orgpsych-041015-062337
  2. Jessica A. Peck; Julia Levashina (2017). Impression Management and Interview and Job Performance Ratings: A Meta-Analysis of Research Design with Tactics in Mind. Frontiers in Psychology, 8, 201. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2017.00201 DOI: 10.3389/fpsyg.2017.00201

Autor: Empatyzer

Publicado:

Actualizado:

 

""