Por qué algunas profesiones necesarias son despreciadas

TL;DR: El estigma ocupacional nace de valoraciones sociales sobre trabajos considerados indeseables en términos físicos, sociales o morales. No es una medida objetiva del valor del empleado. Las personas pueden proteger su identidad profesional mediante la comunidad y destacando el sentido de sus tareas. La organización debería combinar el reconocimiento con condiciones reales, acceso a la información y respeto en los contactos cotidianos.

¿Cómo ayuda Empatyzer en la comunicación entre funciones distintas?

Empatyzer ayuda a preparar una conversación entre personas con funciones distintas y a detectar dónde dificultan la colaboración las suposiciones sobre el estatus.

Funciones que pueden ayudarte:

  • Habla con Em sobre una persona concreta: Facilita elegir un lenguaje que pregunte por las necesidades y la experiencia del interlocutor sin condescendencia.
  • Habla con Em sobre el equipo: Ayuda a preparar la comunicación de normas de respeto y de participación de las distintas funciones en el trabajo común.

Necesarios mientras permanezcan en segundo plano

La oficina está limpia cada mañana, pero quienes se ocupan de ello rara vez aparecen en el relato sobre el éxito de la empresa. Alguien pasa a su lado sin saludar y otra persona habla en su presencia como si no formaran parte de ese espacio. En otra profesión, un trabajador oye durante una reunión familiar: «¿Cómo puedes dedicarte a algo así?». Estos ejemplos muestran que la valoración social de un trabajo puede trasladarse a la persona. La utilidad del servicio no siempre va acompañada del reconocimiento de quien lo presta. En la bibliografía, el concepto de dirty work, traducido como «trabajo sucio», describe las tareas socialmente estigmatizadas. No es una valoración del autor del artículo ni afirma que ese trabajo sea peor. La distinción clásica incluye las formas física, social y moral del estigma. Puede estar relacionado con el contacto con suciedad, con el desempeño de un papel percibido como subordinado o con una actividad que el entorno juzga moralmente. Estas categorías dependen del contexto y pueden solaparse. La valoración de una profesión puede afectar al trato que recibe una persona concreta aunque el interlocutor sepa muy poco de su trabajo. Alguien recibe menos atención, es omitido al presentar al equipo u oye preguntas que sugieren que debe justificar su ocupación. Conviene observar que la necesidad social de un trabajo no protege automáticamente frente a ese trato. Es posible beneficiarse del esfuerzo de alguien y, al mismo tiempo, no reconocerle el respeto adecuado. Por eso, la conversación sobre la dignidad del trabajo debe ir más allá de declarar que todas las funciones son importantes. Hay que comprobar si quienes desempeñan funciones menos prestigiosas tienen acceso a la información, a las condiciones necesarias y a la posibilidad de aportar sus conocimientos sobre problemas directamente relacionados con su responsabilidad.

La profesión se convierte en un atajo para juzgar a la persona

Ashforth y Kreiner describieron el desafío de construir una identidad positiva en un trabajo estigmatizado. La revisión posterior de Kreiner, Mihelcic y Mikolon ofrece una visión más amplia de los trabajos y trabajadores estigmatizados. Es importante distinguir el significado social de una profesión de los rasgos reales de quienes la ejercen. Una persona puede sufrir desprecio no por su conducta, sino por la categoría asignada a su función. Ashforth y Kreiner, 1999; Kreiner et al., 2022. En la práctica, este atajo puede influir en a quién escuchamos y a quién atribuimos competencia. Un trabajador de la limpieza conoce los problemas recurrentes del edificio, pero su observación puede ser ignorada. Quien realiza tareas de intervención difíciles posee conocimientos sobre el riesgo, pero el entorno se centra en las asociaciones emocionales de su profesión. No se trata solo de cortesía. La organización puede perder información cuando el estatus de una función pesa más sobre la credibilidad de una afirmación que su contenido.

Cómo protegen las personas el sentido de su trabajo

Quienes realizan tareas estigmatizadas pueden destacar su necesidad social, las capacidades que exigen o la especial responsabilidad que conllevan. La comunidad profesional proporciona un lenguaje en el que el trabajo recupera un significado que el entorno no percibe. También puede ofrecer apoyo después de situaciones difíciles. Estas estrategias no deben interpretarse como prueba de que el desprecio externo carece de importancia. Una persona puede sentirse orgullosa de su profesión y, al mismo tiempo, pagar el coste de cómo la tratan los demás. También debe quedar espacio para criticar las propias prácticas. Respetar a una persona no significa prohibir que se valoren las consecuencias sociales de una actividad concreta. Si existen dilemas éticos reales en una profesión, es posible hablar de ellos sin deshumanizar a todos sus trabajadores. Resulta útil separar a la persona, la tarea y las condiciones institucionales de la actividad. Así, la conversación puede tratar de la responsabilidad y los cambios, en lugar de reducirse a preguntar cómo puede «esa gente» hacer su trabajo. Las diferencias de estatus también pueden influir en que una advertencia se tome en serio. Quien realiza a diario una actividad determinada suele detectar un problema antes que quien diseña el proceso desde mayor distancia. Si se desprecia su función, una información valiosa puede no llegar a la decisión. Conviene, por tanto, separar el prestigio del puesto del valor de una observación concreta. Esto no significa que todo el mundo tenga los mismos conocimientos o responsabilidades. Significa que un argumento debería valorarse por su contenido y por la experiencia en la que se basa. Preguntar con atención por las condiciones del trabajo suele ser más útil que un agradecimiento simbólico acompañado de la continua exclusión del empleado en asuntos relacionados con sus obligaciones cotidianas.

El reconocimiento no debería sustituir las condiciones laborales

Una empresa puede llamar héroes a sus empleados y, al mismo tiempo, no proporcionarles el tiempo, el equipo o la posibilidad de comunicar problemas adecuados. Ese elogio puede estar vacío si la práctica cotidiana no cambia. En nuestro ejemplo, respetar a quienes cuidan la oficina no significa solo darles las gracias, sino también tener en cuenta sus conocimientos al planificar el espacio y los horarios. Las condiciones concretas muestran si la organización se toma en serio la función o si solo quiere mejorar la forma de hablar sobre ella. Conviene examinar el acceso a la información, a los espacios y a las formas habituales de participación. ¿Saben las personas empleadas por una empresa externa a quién comunicar un peligro? ¿Pueden obtener respuesta a un problema relacionado con su trabajo? ¿Reacciona el líder cuando alguien les habla con desprecio? No toda diferencia organizativa es una manifestación del estigma, pero todas deberían tener una justificación razonable. La costumbre de que «siempre se ha hecho así» no explica por qué la voz de alguien debe tener menos importancia.

Cómo hablar de una profesión sin condescendencia

Es mejor preguntar por las tareas y competencias reales que mostrar sorpresa ante el hecho de que alguien pueda realizarlas. «¿Qué es lo más difícil de este trabajo?» abre una conversación distinta de «Yo nunca podría hacer algo así», sobre todo cuando la segunda frase suena a repulsión. En el lugar de trabajo conviene emplear los nombres de las funciones y de las personas en vez de expresiones colectivas que rebajen su importancia. El respeto no exige idealizar una profesión. Exige reconocer que detrás de una función necesaria hay una persona con conocimientos, límites y una perspectiva propia. El respeto puede mostrarse mediante acciones sencillas y repetidas: presentar a las personas por su nombre, explicar los cambios, responder a sus avisos y proporcionarles las herramientas adecuadas. También es importante evitar un tono condescendiente. Un agradecimiento no debería expresar sorpresa porque alguien que desempeña cierto trabajo sepa pensar bien o valorar una situación con acierto. Si la organización quiere conocer las necesidades de un grupo profesional, debería preguntar a sus representantes, en lugar de suponer que ya conoce la respuesta. A veces lo más importante será la previsibilidad del horario; otras, un equipo que funcione o la posibilidad de comunicar un problema sin que se lo menosprecie. Una mejora concreta de las condiciones dice más que una declaración solemne de reconocimiento que no se refleja en la forma cotidiana de tomar decisiones y distribuir recursos.

El estigma ocupacional muestra que la necesidad social de un trabajo no garantiza un trato digno a quienes lo desempeñan. El reconocimiento debería percibirse en el lenguaje, las condiciones y el acceso a la palabra. Es posible hablar con honestidad de tareas difíciles y dilemas sin trasladar la valoración de una función al valor de una persona.

Empatyzer en la comunicación entre funciones distintas

Empatyzer puede ayudar a preparar una conversación entre personas cuyos puestos tienen diferente estatus y ámbito de responsabilidad. En «Habla con Em sobre una persona concreta», el usuario puede perfeccionar preguntas sobre las necesidades, limitaciones y observaciones del interlocutor, evitando suposiciones condescendientes. El perfil disponible ayuda a tener en cuenta la forma individual de comunicarse, en vez de tratar a la persona únicamente como representante de una profesión. En «Habla con Em sobre el equipo» se pueden preparar normas para transmitir información e incluir a las distintas funciones en los acuerdos. Empatyzer no valora el prestigio de las profesiones ni determina el valor del trabajo realizado. Tampoco sustituye las decisiones sobre salarios, recursos o condiciones laborales. Su papel práctico se refiere a la manera de establecer el contacto. Puede ayudar a formular una pregunta que invite de verdad a compartir conocimientos y un mensaje que reconozca la aportación de una persona concreta. Que ese respeto tenga un significado real dependerá de las acciones posteriores de la organización y de su respuesta a las necesidades comunicadas.

Fuentes e investigación

  1. Blake E. Ashforth; Glen E. Kreiner (1999). “How Can You Do It?”: Dirty Work and the Challenge of Constructing a Positive Identity. Academy of Management Review, 24(3), 413-434. https://doi.org/10.5465/amr.1999.2202129 DOI: 10.5465/amr.1999.2202129
  2. Glen Kreiner; Christine A. Mihelcic; Sven Mikolon (2022). Stigmatized Work and Stigmatized Workers. Annual Review of Organizational Psychology and Organizational Behavior, 9(1), 95-120. https://doi.org/10.1146/annurev-orgpsych-012420-091423 DOI: 10.1146/annurev-orgpsych-012420-091423

Autor: Empatyzer

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