Cómo influye el acento en la valoración profesional

TL;DR: El acento puede ser una señal a partir de la cual el oyente infiere origen, estatus y competencia. Sin embargo, no mide los conocimientos ni la calidad del trabajo. En la evaluación profesional conviene separar la inteligibilidad de la forma de sonar, aplicar criterios comunes y comprobar la ejecución real de la tarea. La responsabilidad de entenderse no recae solo en quien habla.

¿Cómo ayuda Empatyzer a hablar de dificultades comunicativas sin juzgar un acento?

Empatyzer ayuda a preparar una conversación sobre dificultades comunicativas centrada en necesidades y conductas concretas, no en valorar el origen o el acento de una persona.

Funciones que pueden ayudarte:

  • Habla con Em sobre una persona concreta: Facilita elegir preguntas aclaratorias y una retroalimentación objetiva sobre la comprensión mutua.
  • Habla con Em sobre el equipo: Ayuda a preparar reglas comunes para tomar la palabra y confirmar acuerdos en un grupo diverso.

La misma respuesta y una impresión distinta

Dos candidatos describen una experiencia parecida. Uno habla con un acento familiar para quien selecciona; el otro pronuncia algunas palabras de modo distinto y hace pausas más largas. Después se afirma: «La primera persona sonaba más profesional». Conviene descomponer esa frase. ¿La respuesta era más precisa? ¿Ofrecía una solución mejor? ¿O simplemente exigía menos adaptación al oyente? Sin precisarlo, la impresión de soltura lingüística puede registrarse como diferencia de competencia aunque se haya valorado otra cosa. El acento se refiere a rasgos de pronunciación. Puede señalar una región, un entorno social o el uso de una lengua que no es la primera. No equivale a mala gramática, poco vocabulario ni falta de inteligibilidad. Algunos trabajos exigen cierto nivel comunicativo, pero el requisito debe referirse a la acción real: transmitir instrucciones, mantener una conversación o explicar un riesgo. Preferir que alguien «suene como nosotros» necesita otra justificación y a menudo no dice nada de cómo hará su trabajo. Separar contenido y forma de hablar es crucial en la selección. Un candidato puede necesitar tiempo para formular una respuesta y comprender bien el problema y proponer una solución acertada. Si se confunde fluidez con conocimiento, se pierde esa diferencia. Esto no significa que la comunicación carezca de importancia. Hay que indicar qué habilidad se necesita: explicar con claridad, hablar con clientes o acordar acciones con rapidez en un idioma. No tener acento no equivale a ninguna de ellas. Una prueba bien diseñada permite valorar el requisito laboral en vez de una impresión general de familiaridad y semejanza con quienes ya trabajan allí.

Qué añade el oyente a una voz

La revisión de Hideg, Shen y Koval analiza la discriminación laboral por acento. Señala que la forma de hablar puede activar asociaciones sociales e influir en la percepción. No todos reaccionan igual y el significado depende del acento, la tarea y el contexto. Pero es esencial distinguir la información contenida en el mensaje de la valoración del grupo al que el oyente asigna a quien habla. Hideg et al., 2024. En la práctica, el esfuerzo adicional de comprensión puede atribuirse erróneamente al emisor: «Como me cuesta escucharlo, su argumento es menos convincente». Parte de la dificultad puede proceder de la poca familiaridad con ese sonido. En la entrevista conviene volver a las notas sobre la solución de la tarea en vez de confiar en una sensación general de fluidez. Lo mismo ocurre en reuniones: hablar deprisa y con soltura no implica aportar un análisis mejor que quien necesita unos segundos más para formular su idea.

La inteligibilidad es un requisito pero debe comprobarse con justicia

El metaanálisis de Schulte y sus colaboradores estudia los sesgos de selección vinculados a variedades lingüísticas regionales y asociadas a la migración. Sus resultados justifican controlar cómo se evalúa a los candidatos, no suponer que toda valoración lingüística negativa es prejuicio. La clave es aplicar criterios relacionados con el trabajo y condiciones comparables. Schulte et al., 2024. Si el puesto exige dar instrucciones telefónicas a clientes, se puede simular esa situación y comprobar si el mensaje se entiende. El criterio debe ser la eficacia, no la coincidencia con una pronunciación preferida. Conviene valorar por separado contenido, estructura, ritmo e inteligibilidad. Así, la retroalimentación es útil: «Ayudarían frases más cortas y un resumen de la decisión» permite actuar, mientras «debes perder el acento» puede imponer un requisito innecesario. En reuniones, la ventaja también crece con el ritmo: quien habla despacio encuentra menos momentos para intervenir y luego parece poco activo. La persona moderadora puede ayudar con una pausa breve, materiales previos y una invitación a completar un punto concreto, sin presentarla públicamente como alguien que necesita indulgencia. El objetivo es obtener el conocimiento necesario. También hay que comprobar la comprensión en ambos sentidos. Si algo no queda claro, puede pedirse que se repita un fragmento o redactar juntos el acuerdo. Fingir que todo se entendió dificulta el trabajo e impide aclarar una dificultad real.

Cómo no quitar la palabra en la colaboración diaria

En un equipo internacional se puede aclarar un malentendido sin avergonzar: «No estoy segura de haber oído bien el plazo. ¿Es el martes?». Imitar la pronunciación ajena como broma o terminar siempre sus frases puede reducir su disposición a intervenir. También ayudan una buena conexión, evitar conversaciones simultáneas y resumir por escrito decisiones importantes. Son soluciones útiles para todos, incluso para quien escucha con ruido o empieza a usar profesionalmente otro idioma. Una persona con un acento menos habitual no debería quedar siempre en el papel de «traductor cultural» ni ser apartada del contacto con clientes sin comprobar sus competencias. Si se propone cambiar sus tareas, conviene pedir ejemplos y requisitos concretos. «Los clientes prefieren a alguien local» puede ocultar una suposición no verificada. El responsable debe separar un problema comunicativo real de una reacción anticipada del receptor que nunca se comprobó.

El profesionalismo necesita una definición mejor

Conviene revisar el lenguaje de las evaluaciones: «suena seguro», «tiene buena presencia», «encaja con el cliente». Estas expresiones solo son útiles al vincularse con conductas. ¿Comprendió las necesidades del cliente, formuló buenas preguntas y definió el paso siguiente? Así se desarrolla la comunicación sin convertir una forma de hablar en una credencial oculta para ascender. El estándar sigue siendo exigente, pero se refiere a un resultado observable y debatible. En vez de anotar «se comunica mal», puede indicarse si el receptor entendió la instrucción, si el candidato respondió y si aclaró una ambigüedad. Esto facilita comparar con los mismos criterios y distinguir un problema de acento de otro de estructura, terminología o conocimiento. No toda dificultad tiene la misma causa ni necesita el mismo apoyo. Si el trabajo exige cierto nivel comunicativo, debe comprobarse en condiciones realistas. El criterio debe derivarse de la tarea y conocerse antes de evaluar, no aparecer cuando la voz de una persona se aparta de las costumbres del evaluador.

El acento ofrece señales sociales al oyente, pero no sustituye la evaluación de competencias. Una práctica justa separa contenido, inteligibilidad y estilo, y reconoce el papel del receptor en la comprensión. Así, una diferencia sonora no tiene por qué convertirse en una diferencia de acceso a oportunidades.

Empatyzer para preparar una comunicación más precisa

Empatyzer puede ayudar a preparar una conversación sobre dificultades de comprensión sin vincularlas automáticamente con el origen del interlocutor. En «Habla con Em sobre una persona concreta», el usuario puede preparar una pregunta aclaratoria o una retroalimentación sobre una intervención específica. Un mensaje útil describe qué no se entendió y qué explicación ayudaría, en vez de juzgar el acento como rasgo personal. En «Habla con Em sobre el equipo» se pueden preparar reglas para confirmar acuerdos, compartir materiales y tomar la palabra. El perfil disponible ayuda a presentar esas reglas. Empatyzer no evalúa la pronunciación ni el dominio del idioma y no sustituye una comprobación rigurosa de competencias. Su función es preparar la comunicación y reflexionar sobre la propia interpretación. Los participantes deben comprobar si se entienden mejor y si el nuevo formato permite aprovechar los conocimientos de todos.

Fuentes e investigación

  1. Ivona Hideg; Winny Shen; Christy Zhou Koval (2024). Hear, hear! A review of accent discrimination at work. Current Opinion in Psychology, 60, 101906. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2024.101906 DOI: 10.1016/j.copsyc.2024.101906
  2. Niklas Schulte; Johannes M. Basch; Hannah‐Sophie Hay; Klaus G. Melchers (2024). Do ethnic, migration‐based, and regional language varieties put applicants at a disadvantage? A meta‐analysis of biases in personnel selection. Applied Psychology, 73(4), 1866-1892. https://doi.org/10.1111/apps.12528 DOI: 10.1111/apps.12528

Autor: Empatyzer

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