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TL;DR: La dirección de una clínica puede acordar con los médicos un estándar de comunicación que incluya explicar el plan, dar espacio a las preguntas y comprobar que el paciente lo ha entendido. Conviene distinguir estas conductas de las decisiones clínicas. Las opiniones de los pacientes ayudan a valorar la atención recibida, pero una sola valoración de la visita no determina la calidad del tratamiento.
¿Cómo ayuda Empatyzer a hablar sobre los estándares de comunicación de la clínica?
Em ayuda a la dirección a preparar la consulta con los médicos, mientras que la comparación con un colega concreto permite adaptar las preguntas a sus objeciones.
Funciones que pueden ayudarte:
- Conversación con Em sobre una persona concreta: Em ayuda a ensayar una conversación sobre conductas concretas, y la vista «Tú y una persona concreta» sugiere cómo presentar la propuesta a ese colega.
- Conversación con Em sobre ti: Em puede ayudar a preparar una breve introducción para la consulta con el equipo clínico.
- Microlecciones: Pueden ayudar a usar un lenguaje comprensible y a comprobar cómo ha entendido el paciente el plan.
Qué quiere unificar la clínica
Cuando la dirección de una clínica propone un estándar de comunicación, conviene empezar por lo que el paciente puede observar durante la consulta. El médico se presenta, explica el plan y deja espacio para hacer preguntas; eso no implica exigirle una decisión terapéutica determinada. Esta distinción permite hablar de una atención previsible sin asumir la responsabilidad de valorar las indicaciones médicas. Antes de acordar las pautas, hay que comprobar si pueden aplicarse en el tiempo previsto para la consulta. Un requisito común puede ser presentar el plan y asegurarse de que el paciente lo entiende. La elección de las explicaciones clínicas, su nivel de detalle y la forma de relacionarlas con el problema concreto siguen siendo responsabilidad del médico.
Cómo puede interpretar el médico los comentarios
Un mismo comentario puede significar para la dirección «el paciente no entendió el plan» y sonar para el médico como una acusación de falta de competencia. Por eso, antes de hablar de cambios, conviene preguntarle cómo interpreta la información recibida: si se refiere al desarrollo de la conversación o a su criterio clínico. Ayuda volver a un hecho concreto, por ejemplo, al momento en que el paciente no pudo hacer una pregunta. Decir «tuvo una mala actitud» aclara poco y desplaza fácilmente la conversación hacia los rasgos personales. Es mejor señalar la conducta que la clínica espera la próxima vez. Así, el médico puede responder ante una acción viable en lugar de tener que defender toda su forma de trabajar y su autonomía profesional.
Qué mide la perspectiva del paciente
La perspectiva del paciente aporta información sobre cómo fue la relación durante la consulta, pero exige una interpretación adecuada. El cuestionario CARE se desarrolló para medir la empatía relacional percibida por el paciente durante las consultas de atención primaria. Su validación inicial incluyó centros con distintos niveles de privación socioeconómica. Es un ejemplo de herramienta para describir la experiencia de la atención recibida, no un test de personalidad del médico. La mera existencia de esa medición no demuestra la eficacia de una formación ni de una única manera de conversar. Del mismo modo, una valoración hecha después de la visita no indica por sí sola si el diagnóstico fue acertado o el tratamiento eficaz. Sí puede señalar dónde conviene examinar la comunicación con más detalle.
Cómo recoger información útil
Para que una opinión del paciente pueda comentarse con el médico, conviene ir más allá de la valoración general de la visita. Preguntar por un momento concreto permite averiguar qué no entendió el paciente y cuándo le faltó la oportunidad de pedir una aclaración. También ayuda comprobar si sabía qué debía hacer después y dónde podía plantear preguntas tras salir de la consulta. Después, hay que contrastar su relato con el del médico y con las condiciones en que tuvo lugar la visita. El descontento tras la negativa a prestar un servicio que el médico considera no indicado exige especial cautela. Una cosa es valorar esa decisión y otra preguntar si se explicaron sus motivos de forma comprensible.
Acordar un estándar mínimo
Tras reunir ejemplos, la clínica puede proponer a los médicos un breve conjunto de conductas reconocibles en una consulta habitual. Puede partir de preguntar por el motivo de la visita, explicar las opciones disponibles y comprobar cómo entiende el paciente el plan. Conviene acordar entre todos qué dos o tres acciones deben darse siempre y en cuáles conserva el médico libertad para elegir las palabras y el orden. La diferencia se aprecia bien en un caso difícil: el paciente espera una intervención que el médico no considera indicada. El estándar no decide por él las indicaciones, sino que ayuda a acordar cómo explicar su valoración, escuchar las preguntas y asegurarse de que el paciente conoce los siguientes pasos. Estos ejemplos también permiten comprobar si las pautas son viables.
Cómo centrar la conversación en el problema concreto
Un desacuerdo sobre el contenido del estándar puede convertirse fácilmente en una disputa sobre las intenciones: el médico puede sentirse acusado de indiferencia y la dirección, de guiarse únicamente por las valoraciones de los pacientes. Conviene centrar la conversación en la cuestión concreta, por ejemplo, si se interrumpió al paciente y cómo podría haberse explicado el plan. Un metaanálisis sobre conflictos en los equipos encontró que tanto los desacuerdos sobre las tareas como los conflictos relacionales se asociaban, en promedio, con peores resultados y una menor satisfacción de sus miembros. Eso no significa que todo desacuerdo profesional perjudique o beneficie al equipo. Si valorar el problema excede las competencias de quien recoge la opinión, la clínica debe acordar quién lo consultará y de qué manera.
Evaluar la aplicación del estándar
Una vez implantado el estándar, no basta con preguntar si el paciente quedó satisfecho en términos generales con la visita. Es más útil comprobar si entendió las indicaciones, si pudo hacer preguntas y qué recuerda de la conversación sobre los pasos siguientes. Conviene contrastar ese relato con la observación de cómo se desarrolló la consulta y con las condiciones de trabajo del médico. Importan el tiempo disponible, la continuidad de la atención al paciente y las barreras lingüísticas, que pueden dificultar la aplicación de lo acordado. Si el estándar lleva a formular preguntas de manera mecánica, pero no deja espacio para dar explicaciones reales, hay que corregirlo. El objetivo de la revisión no es marcar frases como cumplidas, sino determinar si las pautas ayudan al paciente a entender el plan y pueden aplicarse.
Un estándar de comunicación puede establecer qué información debe recibir el paciente y cuándo puede hacer preguntas, sin impedir que el médico adapte sus explicaciones a la situación clínica.
Empatyzer en la conversación sobre los estándares de comunicación de la clínica
La dirección de la clínica puede utilizar Empatyzer antes de hablar con un médico que interpreta el estándar común como un cuestionamiento de su autonomía profesional. En una conversación con Em sobre esa persona, puede ensayar cómo describir las conductas esperadas, como explicar el plan y comprobar que se ha entendido, sin juzgar la competencia clínica del colega. La vista «Tú y una persona concreta» puede ayudarle a adaptar la presentación de la propuesta a las objeciones de ese médico e invitarlo a participar en la elaboración de las pautas. Una conversación aparte con Em sobre sí mismo puede servirle para preparar una breve introducción a la consulta con todo el equipo clínico: por qué se crea el estándar, qué debe abarcar y dónde queda espacio para la decisión del médico. Después, las microlecciones pueden ayudar a practicar un lenguaje comprensible y a comprobar cómo ha entendido el paciente el plan. Es una ayuda para preparar la conversación y mejorar la comunicación cotidiana, no una herramienta para determinar indicaciones médicas ni un sustituto de los acuerdos del equipo.
Fuentes
- Carsten K. W. De Dreu; Laurie R. Weingart (2003). Task versus relationship conflict, team performance, and team member satisfaction: a meta-analysis. Journal of Applied Psychology, 88(4), 741–749. https://doi.org/10.1037/0021-9010.88.4.741 10.1037/0021-9010.88.4.741
- Mercer, S. W., Maxwell, M., Heaney, D., & Watt, G. C. M. (2004). The consultation and relational empathy (CARE) measure: development and preliminary validation and reliability of an empathy-based consultation process measure. Family Practice, 21(6), 699–705. https://doi.org/10.1093/fampra/cmh621 10.1093/fampra/cmh621
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