Liderazgo versátil (versatile leadership)

TL;DR: El liderazgo versátil es la capacidad de leer el contexto y responder con un amplio repertorio de comportamientos: desde lo exigente hasta lo habilitador, y desde lo estratégico hasta lo operativo. En crisis como la pandemia de COVID-19 esta competencia se vuelve crucial para la eficacia. Menos del diez por ciento de los líderes logra balancear conscientemente esos polos. La versatilidad es una meta-competencia que puede desarrollarse mediante experiencias variadas, feedback y formación dirigida. En la práctica mejora la gestión de equipos y la toma de decisiones en condiciones de incertidumbre. Cultura organizacional y autoconocimiento facilitan su crecimiento. Las organizaciones deberían invertir en programas de formación para managers.

  • Diagnóstico de tendencias personales
  • Experiencias profesionales diversas
  • Feedback continuo y coaching

Definición y concepto

El liderazgo versátil consiste en identificar qué demanda la situación y desplegar el estilo más apropiado dentro de un amplio repertorio. No se trata de ser todos los días lo mismo, sino de elegir conscientemente entre modos complementarios: exigir estándares altos o, por el contrario, crear condiciones y delegar; pensar a largo plazo o resolver urgencias operativas. La propuesta de Kaplan y Kaiser enfatiza ese equilibrio entre rasgos contrapuestos. Un líder versátil es capaz de pasar de delegar y exigir a escuchar y desarrollar talento, y de alternar entre visión estratégica y foco en la ejecución. Esa flexibilidad combina habilidades interpersonales, capacidad decisoria y comprensión de dinámicas organizativas con empatía y comunicación efectiva. La versatilidad no equivale a dispersión: implica seleccionar la respuesta más adecuada según el contexto, apoyándose en autoconocimiento y reflexión crítica. Por eso es necesario medir las propias reacciones y aprender nuevos roles; así el liderazgo deja de ser una etiqueta fija y se convierte en una herramienta dinámica.

Dimensiones del liderazgo

El modelo destaca dos pares de dimensiones contrapuestas: forzar vs. activar, y estratégico vs. operativo. El estilo que fuerza es directo, exige responsabilidad y resultados; el estilo activador facilita, apoya y empodera al equipo. Al mismo tiempo, el liderazgo estratégico orienta hacia la innovación y metas a largo plazo, mientras que el operativo se centra en procesos, eficiencia y cumplimiento inmediato. La habilidad para alternar entre estos ejes mejora la adaptabilidad organizativa. Ignorar una de las dimensiones genera puntos ciegos en la gestión. En la práctica es común encontrar líderes con una mezcla de enfoque forzador y operativo; la combinación activadora y estratégica es mucho menos frecuente, lo que explica por qué muchas empresas tienen buena ejecución pero carecen de visión y engagement. Diseñar rotaciones y desafíos que obliguen a pensar estratégicamente o a apoyar al equipo ayuda a ampliar el repertorio. El equilibrio entre dimensiones también influye en la cultura y la retención del talento, por lo que empezar por analizar las propias tendencias es un primer paso esencial.

Importancia en crisis

Los estudios durante la pandemia de COVID-19 mostraron que el liderazgo versátil ganó relevancia en momentos de crisis. Los líderes con amplio repertorio ayudaron a sus equipos a asumir la nueva realidad, organizarse con rapidez y mantener el foco; los líderes de estilo limitado resultaron con frecuencia sobrepasados y sus equipos perdieron ritmo. Análisis históricos indican que la importancia de la versatilidad fue creciendo desde los años noventa: en tiempos estables contribuía modestamente a la eficacia, tras la crisis financiera su peso aumentó y en la pandemia pudo llegar a representar una fracción aún mayor del buen liderazgo. En términos prácticos, las organizaciones con líderes capaces de balancear estilos tuvieron más posibilidades de adaptarse. Por ello merece la pena simular escenarios adversos, exponer a mandos a decisiones bajo presión y trabajar la comunicación y la claridad de prioridades: así se revelan puntos ciegos y se acelera el aprendizaje. Construir versatilidad es una inversión para futuras turbulencias, no solo una respuesta al presente.

Raridad y meta-competencia

Aunque su valor crece, la versatilidad sigue siendo escasa en el mercado directivo. Investigaciones que abarcaron más de veinticuatro mil managers señalan que menos del diez por ciento logra equilibrar ambos ejes de manera consistente. La mayoría avanza profesionalmente apoyándose en fortalezas naturales y en un estilo dominante, lo que puede derivar en un uso abusivo de esas fortalezas que se convierte en debilidad en otros contextos. Los autores del modelo consideran la versatilidad como una meta-competencia: no es solo aprender conductas aisladas, sino desarrollar juicio situacional y sabiduría para integrar diversas habilidades. El líder versátil sabe qué herramienta usar y con qué intensidad, lo que facilita aprender nuevas capacidades en ciclos de desarrollo. Alcanzar esa meta-competencia exige experiencias fuera de la zona de confort: feedback, coaching y rotaciones planificadas son vías probadas para expandir el repertorio. Las organizaciones que fomentan esa integración ganan en resiliencia, innovación y mejores resultados.

Cómo desarrollar la versatilidad

El desarrollo arranca con identificar tendencias personales y puntos débiles en el estilo diario de liderazgo. Un diagnóstico serio de personalidad combinado con feedback del equipo aporta información clave. Después toca practicar lo que no es natural mediante retos concretos: alternar tareas estratégicas y operativas, asumir roles de apoyo o de exigencia según el caso, y participar en proyectos fuera de la especialidad. Programas prácticos, mentoring y coaching proporcionan un entorno seguro para experimentar. Es crucial trabajar la empatía y la comunicación para poder activar al equipo cuando convenga. Pedir retroalimentación regular a colegas de confianza acelera la transformación. Cambiar la narrativa personal ayuda a integrar una identidad de líder más completa. Las organizaciones pueden facilitar el proceso con rotaciones, asignaciones diseñadas y formación para managers adaptada a la realidad del equipo y del sector. Micro-lecciones, sesiones 1:1 y simulaciones prácticas acortan la curva de aprendizaje, pero es fundamental medir progresos y ajustar el plan en el tiempo. Solo la práctica sostenida y la disposición al cambio conducen a una versatilidad estable: un líder capaz de alternar con destreza entre exigencia y acompañamiento.

El liderazgo versátil es una competencia clave en entornos cambiantes: combina roles opuestos y permite elegir comportamientos según la situación. La evidencia indica que en crisis su valor aumenta notablemente, aunque pocos líderes la poseen de forma natural. Su desarrollo exige diagnóstico, experiencias diversas y feedback constante. Invertir en programas de formación para managers y entrenamientos prácticos aumenta la resiliencia y el rendimiento de las organizaciones.

Empatyzer y el desarrollo del liderazgo versátil

Empatyzer apoya el desarrollo del liderazgo versátil mediante diagnósticos rápidos de las tendencias individuales y la identificación de vacíos en el repertorio conductual. El asistente IA actúa como coach disponible 24/7, sugiriendo en situaciones concretas cuándo aplicar un estilo exigente y cuándo uno activador. Con base en el análisis de la personalidad y el contexto del equipo, Empatyzer genera micro-lecciones personalizadas y formulaciones útiles para conversaciones con colaboradores. Mediante escenarios prácticos y frases propuestas, el manager puede practicar el cambio entre lo estratégico y lo operativo en condiciones controladas. La herramienta facilita la recolección de feedback regular y propone puntos de trabajo para coaching 1:1 y planes de rotación. En crisis ofrece recomendaciones comunicativas rápidas para reducir la tensión y recuperar claridad en prioridades. El sistema considera diferencias cognitivas y culturales, adaptando sugerencias para personas con ADHD, en el espectro autista o de distintos contextos culturales. Además, entrega métricas agregadas que permiten a Recursos Humanos medir el progreso en versatilidad sin exponer el contenido de las conversaciones. En la práctica, el manager recibe indicaciones breves y accionables ahora mismo, junto a señales medibles para ajustar la trayectoria de desarrollo. Se recomienda un piloto de al menos 180 días para observar cambios sostenibles en conductas y eficacia de las intervenciones.