“Ayer compañero, hoy jefe” — cuando un ascenso cambia una amistad

En la reunión del equipo del lunes. Samuel anuncia que Karim dirigirá a partir de ahora la implementación.

— Enhorabuena, jefe — bromea Olek.
— No digas tonterías. Sigo siendo Karim.

Unos días después, Olek inicia una conversación confidencial exactamente como antes. Para él, la amistad no ha cambiado; para Karim, sí ha cambiado la responsabilidad sobre lo que escucha.

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Qué pasó realmente

Olek y Karim tenían confianza, bromeaban y compartían información cuando eran compañeros del mismo nivel. El ascenso de Karim no tiene por qué acabar con esa cercanía, pero cambia el significado de algunas conductas que antes eran idénticas. La información sobre un conflicto con otro compañero puede llegar ahora a alguien capaz de influir en decisiones de rendimiento. Bromear sobre el jefe puede resultar menos seguro cuando el jefe al otro lado de la mesa es también un antiguo compañero. Karim, por su parte, debe asegurarse de que la cercanía previa no se convierta en un trato preferente hacia Olek. Emocionalmente, la relación personal puede seguir casi igual; estructuralmente, la relación de poder ha cambiado.

Qué dice la investigación

La investigación sobre relaciones entre responsables y empleados muestra que las relaciones profesionales y la amistad pueden solaparse y, a veces, reforzar la confianza y la cooperación, un asunto que suele analizarse mediante el intercambio líder-miembro (Yang, 2020). Sin embargo, un cambio de rol modifica recursos y riesgos: una persona puede pasar a evaluar el rendimiento, repartir trabajo, conceder recompensas o tener la obligación de transmitir determinada información. Por eso, la teoría de límites resulta más útil que una pregunta simple como «¿puede un jefe ser amigo de un empleado?». El problema no es la cercanía en sí, sino no actualizar las reglas cuando cambia el poder.

Cómo abordarlo

Después de un ascenso merece la pena tener una conversación breve, quizá algo incómoda, pero muy útil: qué puede seguir siendo privado, qué ya no puede prometer Karim que guardará para sí, cómo se gestionarán las decisiones que afecten a Olek y cómo evitarán ambos cualquier favoritismo. Karim también debería evitar usar confidencias personales en su papel de responsable salvo que exista una razón legítima para hacerlo. Regla general: un ascenso no tiene por qué terminar una amistad, pero sí exige nuevos límites, porque el poder cambia las consecuencias de la información y del comportamiento aunque las personas sigan cayéndose bien.

Cómo pueden ayudar Empatyzer y Em

Empatyzer puede ser especialmente útil cuando una relación cambia formalmente más rápido de lo que cambia emocionalmente. Los perfiles de Karim y Olek siguen siendo los mismos después del ascenso, pero el contexto ya no: una broma, una confidencia o una información privada no significan exactamente lo mismo entre dos compañeros que entre un responsable y un empleado. Em puede preparar a Karim para hablar con Olek y poner nombre al cambio sin crear una distancia artificial: «Seguimos teniendo confianza, pero algunas cosas que me cuentes ahora también pasan a ser información que tengo como tu responsable». Culture-8 y los motivadores también pueden mostrar diferencias en cómo entienden la jerarquía y la lealtad. Las microlecciones ayudan a atravesar estas transiciones de forma consciente: el ascenso no tiene por qué dañar la relación, pero sí obliga a renegociar sus límites.

Fuentes e investigación

  1. Fiona X. Yang (2020). Subordinate–Supervisor Friendship in Cyberspace: A Typological and Comparative Analysis of Hotel Employees. Cornell Hospitality Quarterly, 61(3), 271-286. https://doi.org/10.1177/1938965519894246 DOI: 10.1177/1938965519894246

Autor: Empatyzer

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